Gracias por vuestros comentarios y ánimos. Espero que os guste.
Cap. 5Maldecía cada vez que los tacones de sus Louboutin se clavaban en el suelo húmedo haciendo que fuese francamente difícil ( a la vez que ridículo) cruzar lo más dignamente posible el corto camino que llevaba desde la entrada que rezaba "Grace Savage" hasta la coqueta cabaña identificada como Recepción.
Se había prometido no rebajarse, convencida como estaba de que una vez más volvería a ella. Como siempre. Ambos sabían que el era quien era gracias a ella.
Si no hubiese creido en su potencial, el Jefe de Neurocirujía del Memorial NY aún sería un médico más en el Hospital Comarcal de Boston. No... ella creyó en él, le presentó a su padre y a todos los contactos de este. Le ayudó a desarrollar su ambición cuando ni él mismo sabía que la tenía. Adentrandose en intervenciones cada vez más arriesgadas y novedosas dignas de aparecer una y otra vez en los anuarios de Medicina de los mejores Hospitales del pais..
Y él lo sabía. Sabía que ella había invertido en él hasta llegar allí, y ninguna estúpida muerte accidental iba a impedir que su aún esposo continuase en su ascenso en la Medicina. No. Tal y como John Montgomery habçia confiado a su hija: "Vamos a llegar hasta el Nobel, Addie. Esa es la meta".
Y ella no se rendia. Ellos no se rendian.
La medicina es vida... pero tambien muerte. Los pacientes a veces mueren. Y que Rossalyn Pierce tuviese tan solo seis años cuando una rotura de un aneurisma intracraneal, solo era una ANECDOTA. Pasa. La vida es así.
Y así lo tenía que entender Derek...
Se negaba a considerar que su desliz con Mark tuviese nada que ver en la desmesurada reacción de su esposo...
" Por Dios! Es Mark! Y Mark es...- Sacudía su cabeza intentando razonar en su interior - ... Mark!. Todas han tenido alguna vez algo con Mark..."
Y pisando energicamente en el último escalón, como intentando desembarazarse del barro cual metáfora de su flirteo, abrió la puerta de recepción y se encaró a la guapa mujer rubia allí sentada.
" Busco a Derek Shepherd. Creo que se hospeda aquí..."- Quería mostrar firmeza, pero no esperaba que la rubia le mantuviese la mirada cuando le preguntó.
"El la espera?"- Se permitió mirarla de arriba a abajo como valorando si merecía la pena.- "Nuestros huespedes vienen a descansar y no suelen recibir visitas..."
No estaba dispuesta a llegar hasta allí y que ninguna rubia de las que tanto gustaban a Mark le diese con la puerta en las narices, así que le interrumpió: "No soy una visita. Soy su esposa."- Con un brillo de triunfo en sus ojos saboreó la reacción de sorpresa de la mujer mientras comprobaba su identidad en la tarjeta mostrada y se permitía ponerse en pie.
" Disculpe... Señora... Señora Shepherd..."- Izzie era consciente de su evidente tartamudeo, pero aquello carecía de sentido. Por primera vez en mucho tiempo, no sabía qué hacer... Deseaba que Alex estuviese allí...
Aquello tenía que ser un sueño. No tenía otra explicación. Pero allí estaban. Los dos. Solos. Sin hablar. Uno en brazos del otro. Arrullados por las cálidas aguas de aquella idílica terma.
Como si fuese lo más natural del mundo y lo hubisen hecho en muchas ocasiones, ambos se fueron desnudando manteniendo fijos los ojos el uno en el otro. Víctimas de una sensación de irrealidad en la que ambos eran parte ajena a su voluntad.
De la mano se adentraron en las turbulentas aguas hasta llegar junto a una roca con superficie plana en su base sobre la que Derek se dejó caer manteniendo abrazada a Meredith junto a el. En silencio. En absoluto silencio.
Sobre sus cabezas, el sonido del agua burbujeante parecía rebotar contra la húmeda bóveda caliza haciendo innecesario cualquier otro tipo de sonido... salvo del repiqueteo del corazón de Derek atravesando el cuerpo de Meredith hasta acompasarlo al de ella haciendolo uno. Ambos corazones latían a la par.
Y cuando pareció que el repiqueteo iba a empezar a hacerse sonoro de trepidante que era su ritmo, como si de un trance se tratase, Meredith se volvió enfrentandose al resto del cuerpo de Derek y, por primera vez desde que llegaran allí, fue consciente del ansia con que ambos se recibieron.
"Sublime"- suspiró satisfecha mientras dejaba flotar la parte inferior de su cuerpo cual extraño nenúfar.
"Gracias..."- Derek la mantenía aún abrazada por la axilas. Esquivó un golpe de ella riendo satisfecho.- "... creía que te referías a mí..."
" No seas tan creido..."
"Pero ha estado bien..."
"Ha estado muy bien"
"TÚ has estado muy bien".- Y la atrajo aún más hacia él haciendole hundir sus piernas.
" Ya te lo he dicho... sublime".- Y girando su cabeza, se dejó besar una vez más.
Addison había conseguido que le permitiesen esperar a solas en la cabaña que Derek había alquilado allí y paseaba de un lado a otro intentando reconocer a su aún marido entre los distintos objetos.
Salvo las cañas de pescar apoyadas en una pared, todo lo demás era absolutamente ajeno al hombre que había sido su compañero los últimos diez años.
Una guitarra eléctrica en una esquina, varias cámaras fotográficas diferentes, un paquete de hojas sin abrir, un par de botas de treking con restos de barro seco en las suelas tras la puerta del baño, ropa de montañes en el armario... nada que le recordase al sofisticado neoyorquino con el que creía haberse casado.
Se sentó en la cama y ojeó las fotos en blanco y negro posadas en la mesilla. Retratos. Todos retratos.
Y no eran malos... reflejaban personalidad... De repente, una extraña sensación recorrió su columna cuando entresacó tres fotos. Eran de la misma persona. Una mujer. Una mujer sonriente. Esa mujer sonreía a la cámara. No. Esa mujer sonreía al fotógrafo. Era una sonrisa íntima.
Addison se preguntó si no habría llegado tarde... Aquello parecía habersele escapado de su control. No lo esperaba. Derek no era de esos...
Lo era?
Anochecía cuando ascendieron las escaleras de la cabaña.
"Deja las botas aquí fuera, Izzie no dirá nada, pero tuerce el morro si ve barro en el suelo ..."- Y posando sus botas junto a las de Meredith, abrió la puerta de la cabaña quedandose paralizado en el umbral.
Allí, descalza, sentada en la cama fisgoneando en su portátil estaba la última persona que hubiese esperado encontrarse en Grace Savage.
"Qué haces aquí?"
Meredith se sintió minúscula cuando la alta pelirroja avanzó hacia ella midiéndola con la mirada.
"Parece dulce..."
Derek agresivo dió un paso adelante separando a la pelirroja de Meredith.- "Addie, te lo repito: Qué haces aquí?"
Sin quitar sus ojos de Meredith, contestó lentamente: "He venido a buscar a mi marido..."
Y sintiendo un repentino ahogo y sus ojos apunto de estallar en abrasadoras lágrimas, Meredith dio media vuelta y corrió hasta su cabaña. Ajena a las llamadas de Derek tras ella. Tan solo consciente del intenso dolor. Dolor y vergüenza.