Aquí van las entradas, os recuerdo a los jueces que en los challenges de fanfic tenéis 4 días para votar.
A.
Título: A Hope
Personajes/Parejas: George, Alex, Cristina, Meredith, Izzie, Bailey y Derek
Sinopsis: veremos en especial, como le afecta la situación a Alex Karev
Advertencias: (spoilers, o cualquier cosa que queráis decir) Solo eschuchenlo con su Canción preferida y si tienen muchas, escojan las del estilo The Fray
Notas de Autor: No soy muy sentimental y no suelo escribir asi, pero George lo vale
Total Palabras: 1.710
[spoiler]Terrible, inevitable y tal vez injusto.
Solamente por su instinto de Ayudar a la gente, de Salvar gente. Es un Doctor… aunque no se le considere como el mejor cirujano, para mí, siempre lo ha sido.
Cree en el Karma y en el balance que debe tener la vida “A los malos, les pasa cosas malas y A los buenos, cosas buenas”. Tiene fe en las personas y da chance a los cambios, cosa que yo nunca hago. Medio Tarado (pequeña risa) ¿tal vez Tarado completo? Y por supuesto Imaginativo e Iluso, pero me he dado cuenta que todos nosotros somos así, sin ese don de la imaginación como podríamos solucionar los problemas en el quirófano, él si sabia como reaccionar a las situaciones más complicas, en cambio yo, no mucho que digamos
A sobrevivido a la operación con Shepherd, es fuerte y admiro eso de él…
-Alex: ¡dios! sueno como el propio marica, eso lo borrare-
Me ha contado Mer que sobrevivió de la operación con Shepherd, estuvimos hablando un rato mientras que Izzie dormía, también debo confesar, que mi alma y mi cuerpo y toda mi razón se desvanecían junto a ella, mientras que su corazón no latía, el mío se desmoronaba en pedazos, cuando logro reaccionar y mi razón volvió a la calma, cuando ya todo mi mundo lo podía considerar quieto, estable y por fin tranquilo por ese solo instante, otra noticia me aplasto y puedo asegurar y perjurar que nunca en la vida pensé, que… enterarme de que O´malley, Bambi estuviera en ese estado, me afectaría tanto, pero tanto… que miradme aquí desahogándome con mi portátil, mientras que mi esposa está enfrente mío, en una cama, completamente enferma y yo sin poder hacer nada…¡NADA! Por ninguno de los dos
Izzie: ¿Alex?
Alex: dime, mi amor (apartando el portátil de sus piernas) ¿Cómo te sientes? ¿Mejor? ¿Qué te duele? ¿Alguna molestia?
Izzie: ¿ya reacciono?, ¿despertó de la operación?
Alex: no, todavía no, pero ánimo sabemos que es O´malley, saldrá de esta
Izzie: No, no lo hará
Alex: Izzie, ten fe
Izzie: como podría tenerlo, le vi, mientras estaba… dios mío ¡Le vi!
Alex: lo sé, me lo contaste y solo hay que confiar que Bambi lo lograra, que saldrá de esta… como tú, todos saldremos de está y seguiremos adelante, volveremos hacer los mismo, los 5 embotellados en la casa de Mer con una Botella de Tequila, ya lo veras
Izzie: quiero verle… necesito verle, llévame con el…
Alex: traeré la silla
-Cuando llegamos a la habitación se encontraban Meredith y Cristina, pero Izzie no se dio cuenta ya que al llegar vio que su cara… estaba completamente destrozada, su cuerpo, y cuando le vi solo pensé “Que coños hizo O´malley”, Izzie comenzó a llorar descontroladamente… y Meredith junto a Yang tuvieron que intervenir para calmarla, yo no me pude mover, quede estancado en el marco de la puerta, mi mente se bloqueo y mi asombro no cesaba-
Izzie: ¡Dios!... por dios, no…. No puede ser (lloraba)
Cristina: Izz tienes que calmarte, tenemos que ser fuertes, respira
Mer: se recuperara, ya lo veras, confiemos en el
Izzie: ¡Es que acaso no le ven!, mira… solo mira….
-y se fue acercando a él, entre sollozos, impotencia y dudas, muchas dudas. Tales como ¿Por qué él? ¿Por qué precisamente ÉL? ¿Qué mal hizo, para que se mereciera esto? Y el problema es ese, no puede ser posible que a una persona como él, a un ser humano que siempre ha hecho lo correcto, le pasen cosas como esas, es inaceptable, por esa y mucho más razones detesto las consecuencias que toma la vida, odio como se mueve el mundo, por toda la injusticia que abarca en él y sobre todo, por la justificación que le dan a ella-
I: ...Su cara…, por dios
-le cogió con suavidad la cara, no conseguía creerlo, era casi imposible. En ese momento Meredith se acerco a mí, y me abrazo susurrándome “Todo estará bien”-
Alex: tu optimismo es una mierda
Mer: lo sé, es una completa mierda (pequeña risa)
Cristina: se acuerdan cuando a Bambi le dio Sífilis
-En un instante todos nos reímos, sin parar. Dios mío, pueden creer cuantas cosas hemos llegado a pasar juntos, lo sé, sueno cursi y hasta patético, pero es cierto-
Izzie: Jajajajaja cuando… cuando Golpeo a Alex
Alex: Jajaja cuando se metió a la “Huelga” de la Enfermeras
Mer: Recuerdan cuando se peleo conmigo por yo haber llorado mientras teníamos sexo Jajajajaja
-Y así pasamos casi toda la noche, recordando y recordando, riendo y riendo, hablando y hablando, como los viejos tiempos pero sin Tequila o sin que alguno de nosotros se acostara con otro, Solamente dándonos cuenta de que “Nuestra” familia se iba a destruir, por un estúpido instinto de Bambi, vale… ya se me ha quitado la nostalgia y veo las cosas con más claridad-
Alex: la Gran operación que hizo en el ascensor que yo no pude manejar
Cristina: Oh! Cierto, eso era lo que más le envidiaba a Bambi, Dios como deseaba ser yo en ese momento George, fue asombroso
Izzie: es de Hierro, es Grande –mientras le cogía de nuevo la mano-
Mer: y un gran besador Jajaja
Izzie: si, un gran besador
Alex: ¡Hey! sigo aquí
-Nos volvimos a reír, y a bromear, buen momento, buenos recuerdos, buena vida, no me quejo de las desgracias… ya no mas, ahora agradezco los buenos tiempos, así sean cortos… pero basta con que sean buenos-
Cristina: cuál es el “boom” de Bambi, vamos… no es muy apuesto que digamos
Mer: ¡Cristina!
Cristina: lo sé, se que está allí con su cara demacrada
Izzie: destrozada completamente
Cristina: pero tal vez, si Sloan lo arregla, quede hasta mejor que antes
Mer: ¡Cristina!
Izzie: cállate, quieres. Lo importante de George es que era… Es que es una gran persona, es nuestro amigo, es mi mejor amigo y si era buenmozo
Alex: yo soy más bonito que O´malley
Izzie: Ahorita
Mer – Cris: jajajajajajaja
Alex: siempre he sido más cuero que O´malley
Izzie: no, no lo creo cariño
-Y el silencio nos abarco por completo, asiéndonos caer en el más profundo de los pensamientos, y llegándonos a preguntar de nuevo ¿es esto real? ¿De verdad es George? Y si, Meredith se equivoco-
Alex: como supiste que era él, que era O´malley
Mer: escribió en mi mano “007” y fue lo primero que pensé, es el, miradlo, también vi sus ojos… es el
Cristina: ¿estás segura?, porque te puedes equivocar
Izzie: es el, miradle la mano, miradle la estatura, es el
-Me senté y al rato del tiempo, me dormí… estaba completamente cansado, y caí rendido, y de esa misma forma pasaron los días, nos turnábamos, un día Meredith, otro Cristina, Izzie casi todo el tiempo y de vez en cuando yo. Ayer nos reunimos todos de nuevo, pero esta vez también se encontraba Bailey, casi al llegar las 11pm Miranda empezó a contarnos como O´malley le ayudo a dar a Luz, otra gran hazaña de Bambi, y esta fue una de las mejores-
Bailey: y todos saben que por esa razón mi bebe, mi hermoso bebe se llama William George Bailey Jones
Izzie: ¿también el Jones es por George? Jajaja
Alex: cariño, los chistes no son lo tuyo…
Izzie: vale, lo se
Bailey: todos ustedes han crecido tanto que me siento completamente orgullosa, al ver la estupidez que hizo su compañero de meterse a la Fuerza Armada solo para salvar gente, me he dado cuenta de que los crie bien, se que cada uno de ustedes arriesgarían su vida por otra persona
Cristina: discúlpanos por todas las estupideces que hicimos
Bailey: y las que siguen haciendo, tantas veces que arriesgue mi trabajo por ustedes, puede decirle que en algunas ocasiones ha sido lo más estúpido que he hecho en toda mi vida, pero en otras… no me arrepiento
Izzie: ...movió la mano...
-Y en ese instante todos nos callamos, ella solo se desespero, vi la ilusión de una esperanza, de una sana y hermosa esperanza-
Izzie: ¡Movió la mano! George, ¡George! Tienes que escucharme, tienes que despertar, lo tienes que hacer, otro movimiento, ¡vamos! abre los ojos, ¡Reacciona! Puedes hacerlo
Cristina: Izz
Izzie: ¡Enserio! Movió la mano, estoy… estoy en una lucha contra un cáncer imposible de vencer, los tengo a ustedes y son un gran apoyo, pero lo necesito a él… ¡Te necesito! Necesito que despiertes ¡Lucha tu puedes!
Bailey: Llama a Derek
Mer: lo acabo de llamar, ya viene
Izzie: ¡No te puedes quedar así! ¡Vamos, por favor por mi!
Mer: Izzie
-Al instante llego Derek y empezó a revisar. Para Izzie la situación se descontrolo por completo, su Esperanza salió a luz, pero no fue bueno para ella, su cuerpo temblaba y no paraba de gritar-
Izzie: ¡Vamos George!
Derek: Stevens, enserio viste mover su mano
Izzie: los dedos, no estoy loca, no fue una alucinación, fue real… yo lo vi ¡Despierta!
Cristina: Izzie, regresemos a tu cuarto, esto no te hace bien
Mer: yo me quedare, por si hay noticias
Izzie: ¡No me pienso mover de aquí!
Alex: ¡pues lo harás porque esta situación no es buena para ti!, ya sufrí un susto contigo y créeme que con uno solo me basta
Derek: Oigan
Bailey: Esta… abriendo los ojos
-El silencio volvió a perturbar la habitación, y era cierto, sus ojos volvían a abrirse, quedamos sorprendidos, por lo menos yo sí, y puedo asegurarles que mi tranquilidad volvió-
Derek: esperen, O´malley… necesito que hables para mí o que hagas algún movimiento, ¿entiendes? Mueve uno de tus dedos
Bailey: George, vamos… tu puedeS
Izzie: tú puedes
-Esperábamos un milagro, mientras Shepherd, Bailey e Izz intentaban sacarle una palabra, Meredith, Cristina y yo quedamos anonadados, y nuestras miradas estaban fijas en sus manos, para algún información, para otra Hazaña más de él y sucedió, uno de sus dedos se levanto, todos gritaron y rieron, mientras algunos llamaban a los otros doctores, yo seguía impactado, volvió a salir invicto, volvió a sorprendernos-
Derek: O´malley, Bienvenido
Izzie: … ¡cómo pudiste hacerme esto!, espérate que te recuperes, te matare
-Y puedo decir, que Ayer solo pensé “Es un Héroe” y Hoy…. sigo pensando lo mismo-[/spoiler]
B.
Título: LA MAGIA NUNCA MUERE
Personajes/Parejas: Meredith, Alex, George, Izzie y Cristina. Aparición estelar de Amanda.
Sinopsis: ¿Cómo ha vivido George el estar al borde de la muerte? ¿Cómo lo han vivido sus amigos? George nos relata en primera persona las primeras horas de su recuperación en el Seattle Grace junto al resto de sus amigos.
Advertencias: Spoilers? Ninguno...George está vivo. Así que esto no tiene nada que ver con la sexta temporada.
Notas de Autor: No soy dueña de Grey's Anatomy. Si lo fuera...lo primero que haría sería echar a Shonda Rhimes xDDD
Total Palabras: 1587
[spoiler]Silencio. Eso es lo único que oigo, junto a un pitido constante, que nunca cesa…son los latidos de mi corazón. Recuerdo que había una parada de autobús, y una chica. Si, esa chica. Pelirroja. Guapa. Me gustaba, y le sonreí. Y entonces, todo se convirtió en un inmenso y oscuro abismo al que fui cayendo despacio, y que nunca tenía fin. Tal vez, si abro los ojos, ese miedo y esa oscuridad desaparezcan. Vamos George, hazlo. Si estás en el infierno y has muerto es mejor saberlo cuanto antes.
La luz me molesta, y el techo blanco que tan bien conozco aparece ante mis ojos. ¿Mi infierno es el Seattle Grace? ¿O esto es el cielo? Y entonces, veo de nueva a la chica. Está ahí, conmigo. Me coge la mano, y la aprieta con fuerza. Y me sonríe. Sé que dice algo, pero es casi un susurro y no puedo oírlo. Y de repente, ya no está. Ha salido corriendo y oigo que llama a…¿ella también está aquí? Ahora si que me estoy volviendo loco. Y cuando veo su pelo rubio recogido en su habitual coleta, y sus ojos verdes mirándome junto a su hermosa sonrisa mientras me examina el terror desaparece. Mi amiga está conmigo.
“George…si puedes oírme pestañea una vez…bien…estás vivo…y te vas a poner bien. Todo va a ir bien. Lo prometo. Espero que me perdones por haber tardado tanto en…en saber que eras tu. Pero ahora estás vivo…”
Intento decir algo, pero estoy intubado…no, odio esos tubos, y mas aún dentro de mi boca.
“No, no intentes hablar…”
Sigo oyendo su voz pero no presto atención a lo que dice. VIVO. Dice que estoy vivo. Esas cinco letras se repiten como un eco dentro de mi cabeza…ouch! Mi cabeza…me duele.
Y Meredith vuelve de nuevo, junto a Derek, y Hunt también está. Me están examinando de nuevo. Pero ella sólo sujeta mi mano…007…ahora lo recuerdo. El tacto suave y delicado de las manos de Meredith mientras ella gritaba asustada al descubrir que yo era…yo. Fueron sus ojos junto a su voz lo que hizo que abandonara durante milésimas de segundo el abismo al que caía sin remedio.Ella siempre ha estado ahí. Incluso cuando he estado a punto de morir. Y su cantarina voz me vuelve hablar.
“Han pasado tres días desde tu accidente George…teníamos miedo de que no despertaras.”
Y yo, con los ojos, intento decirle que no tenga miedo. Porque como ella misma ha dicho estoy vivo. Y al devolverme la mirada sé que ella me ha entendido. Como siempre.
Creo que han pasado horas. O tal vez unos pocos minutos. No lo sé. Pero cuando vuelvo a abrir los ojos, veo a Cristina sentada junto a mi cama, rellenando un historial. Ya no estoy intubado. Puedo hablar. Pero un leve susurro es lo único que sale de mi boca.
“George…no tienes que hablar…necesitas descansar.” Comprueba la vía y que todo está en orden y vuelve a sentarse. “Que seas 007 no significa que tengas que ir haciéndote el héroe por ahí saltando delante de autobuses para salvar a una chica…no vuelvas a hacerlo nunca más.”
Intento reirme pero también me duele el pecho. Cristina ha cambiado. Supongo que todos lo hemos hecho. Para ella siempre seguiré siendo 007…”Bambi”…pero también seré George. Ese chico al que tanto temió cuando descubrí que Burke tenía temblores. El chico al que consoló cuando mi padre murió. Porque siendo los dos tan distintos, tenemos algo en común. Algo que no desearía tener en común con nadie.
Es de noche. Lo sé porque no entra claridad por la ventana y la estación de enfermeras que hay frente a mi habitación está vacía. Y mientras la contemplo desde mi cama, me doy cuenta de que Alex está de pie, apoyado contra el marco de la puerta.
Nos miramos durante minutos que parecen horas. No necesitamos las palabras. Así que comprueba mis últimas pruebas, me guiña un ojo, o al menos quiero creer que eso es lo que hace y se marcha. Creo que me dice algo antes de marcharse porque lo veo regresar a la puerta. Pero se queda pensativo, con los brazos en jarras y entonces si que se marcha. Es mejor. Porque estoy cansado y tengo mucho sueño.
Me siento diferente. Me sigue doliendo todo el cuerpo, sobre todo la cabeza…y el brazo. El brazo me está matando. Pero alguien ha movido mi cama. La primeras luces de un nuevo día me deslumbran cuando abro los ojos, pero ella está otra vez ahí. Su pelo naranja y brillante se desliza delicadamente sobre sus mejillas mientras me arregla la cama y coloca bien la sábana.
“Hola…soy Amanda…no sé si te acordarás de mi…me han dicho que ya podías incorporarte un poco así que si no te importa he movido un poco…” sujeto su mano para que deje de hablar e intento sonreirle. Pero me cuesta mucho. Al hacerlo, siento que toda la piel de mi cara me tira. Intento balbucear un “Hola” pero es muy difícil. Tengo demasiado dolor. Y entonces, en la puerta de la habitación, en una silla de ruedas empujada por Alex, veo a mi mejor amiga. Izzie…si…a Izzie ya la he visto…
“¿A quién se le ocurre alistarse en el ejército? Sólo a ti…Tu no pintas nada en Iraq, tu sitio está aquí, junto a nosotros, junto a tus amigos y tu familia. No en medio del desierto junto a tios de uniforme que no saben lo que es la higiene personal…no es tu sitio George. Puedes ser un gran médico aquí. ¿Sabes qué? Tengo que contarte algo; Meredith y Derek se han casado…con un post-it…y pretenden hacernos creer que esa boda es de verdad…y yo…George…te ví…estuve a punto de morir…y te ví.”
Claro. Lo recuerdo perfectamente. Yo la estaba esperando y ella aparecía tras el ascensor con su vestido rosa. El mismo vestido que llevaba la noche en que la muerte, de la forma mas descomunal y cruel apareció ante sus ojos. Y entonces ella me miraba sorprendida y yo todo orgulloso, le mostraba mi nuevo uniforme. Yo quería entrar en el ascensor, y ella quería salir. Pero de repente, la puerta se cerró y todo volvió a ser oscuridad. Ya no estaba Izzie, ni su vestido rosa, ni el ascensor…No había nada.
“Y cuando recuperé la consciencia…tenía tanto miedo por ti. Sólo podía pensar en la estupidez que ibas a cometer…aunque la que has cometido intentando parar un autobús con tu cuerpo…eso si que es estúpido. No se en que estabas pensando pero espero que algún día me des una buena explicación…y por lo de la cara…todo va a salir bien…Sloan hace maravillas…”
¿Qué le pasa a mi cara? ¿Por qué Sloan tiene que tocarme la cara? Me imagino lo que puede ser, pero es mejor que ahora mismo no piense en ello. No si no quiero perder la cordura. Ya es todo demasiado extraño en este momento…sólo necsito tener a mis amigos conmigo…
.
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Y ahora, ha pasado una semana. Sentado en mi cama, Meredith me ayuda con el desayuno; Izzie que ya ha dejado la silla de ruedas, está sentada a los pies de mi cama, mientras Alex, de pie, la abraza y no la suelta ni un segundo. Cristina, está tumbada en el sofá…intentando dormir.
“Ssshhh…sólo pido un poco de silencio...aquí hay gente que anoche trabajó.”
“Oh si…pobre Cristina…he estado pensando…cuando todo vuelva la normalidad, yo esté mejor, George esté mejor…deberíamos hacer una fiesta.”
“Izzie…si estás pensando en una de tus fiestas locas…búscate otra casa. Porque en la mía no la vas a hacer.” -Meredith coge uno de mis bollos del desayuno y se lo traga entero, casi de una sóla vez.
“Izz…lo que necesitas ahora es descansar…”
“Calla Alex… y no Mer…en realidad estaba pensando en algo mas…¿que os parece Joe’s?”
“No tengo el cuerpo para fiestas ahora mismo –Cristina se tapa la cabeza con una almohada mientras sigue hablando- y tu Meredith…deja de comer…te vas a poner hecha una f…”
“OH DIOS MIO!...¿Estás embarazada?” -Izzie con su típico entusiasmo, casi salta de la cama.
“Yo no estoy embarazada…no que yo sepa…o…-Meredith se queda pensativa- no…que va…sólo tengo hambre es sólo eso.”
“Te puedes comer lo que queda Meredith…yo no tengo hambre.” Ahora mismo sólo quiero recostarme en la cama, cerrar los ojos y grabar esta escena en mi mente para siempre.
Porque esto es lo que ocurre cuando los cinco estamos juntos. Es la magia de nuestra extraña amistad. Es la magia la encargada de haber creado esos nuevos lazos que ahora unen a Izzie y a Cristina. O el vínculo que desde el día de su mágica boda une a Meredith, Derek, Alex e Izzie. O ese extraña unión entre Cristina y Alex, desde que Izzie enfermó. Y ahora, están todos aquí, por mi. Porque el tiempo ha pasado, todos hemos cambiado, pero nuestra amistad, la magia que empezó a fluir desde el día que nos conocimos, cuando éramos unos internos asustados, esa magia nunca morirá.
Y hablando de otro tipo de magia…ya está aquí. Como cada mañana. Aun lleva el brazo en cabestrillo. Hoy lleva el pelo recogido, aunque algunos mechones le quedan sueltos, y caen sobre su cara. Me saluda desde el pasillo. Tal vez fue el destino el que hizo que yo la apartara de ese autobús poniendo en riesgo mi vida. Puede que estuviera escrito. Tampoco sé que no espera en el futuro. Pero si sé que cada mañana, cuando la veo aparecer…vuelvo a creer en la magia.
FIN.[/spoiler]
C.
Título: La sonrisa a modo de codazo al segundo
Personajes/Parejas: Salen, en esencia, los MAGIC. Sutilmente, Derek y Owen. Se nombra a Bailey, Mark, Lexie, Callie y Amanda. No es un fic de parejas pero está latente el Merder, el Owentina y el Izzie. Y.. ah!, al final, conoceremos a dos personitas muy especiales.
Sinopsis: George sobrevivió. Su corazón volvió a bombear pero no se sabe hasta qué punto sigue siendo George. Meredith, Alex y Cristina están muertos de miedo. Izzie no está recuperada todavía. Pero, tarde o temprano, tendrán que cruzar el pasillo y entrar en la habitación. Pero, tras ese paso, todo sigue su curso.
Advertencias: hay un especie de flash-forward
Notas de Autor: He intentado ser lo más realista posible.
Total Palabras: 1.426
[spoiler]La sonrisa a modo de codazo al segundo
// Un segundo. Un mísero segundo lo puede cambiar todo lo que hemos vivido, todo lo que seremos y todo lo que somos. A veces, para bien, otras para mal. Una palabra. Una idea. Una acción. ¿Quién sabe?, ¿qué más da?. Todo lo que sabemos es que es cosa de un segundo, si me apuras de una décima, más que nada porqué la vida está hecha de ellos: en un segundo te enamoras, en un segundo ganas, pierdes… en un segundo, te desvaneces. Nadie dijo que sería justo, la vida nunca lo es, pero, al menos, sabes las reglas del juego. Las sabes y juegas, esperando que cuando ese segundo pase, sepas reaccionar, porque… pocas veces hay camino de vuelta. //
- Aún es pronto, pero… se le va a quedar secuelas, Meredith.- el doctor Shepherd, celebrado neurocirujano, llevaba demasiadas vidas a sus espaldas como para negar la evidencia. La doctora Grey asintió. No muy lejos de ahí, se oían los suspiros de alivio y hasta grititos de alegría. O’Malley vivía, respiraba. Estaba vivo. Durante segundos enteros su corazón dejó de latir, se paró y el quirófano entró en pánico al son del irritante pitido. Sin embargo, volvió. Tan sencillo como eso; el pitido se convirtió otra vez en pulso, su presión arterial subió y su corazón bombeó, repartiendo sangre al cerebro. Ahora, se encontraba estable dentro de la gravedad, cuando una hora antes, su corazón estaba parado.- Tendrá secuelas físicas, por supuesto… pero yo hablo de daños cerebrales.- Un nuevo y repetitivo asentimiento recibió como única respuesta.
Daños cerebrales. Dos palabras que por nada del mundo quisieras oír juntas…
- ¡Joder, joder, joder!... ¡007! ¡Bambi! ¿Estás segura, Meredith?.- Cristina con la sutileza de una aprisionadora, llegó.
- Si alguien más, me pregunta eso…- Apenas fue un siseo.
- Joder, está hecho mierda.
La cruda realidad.
De pronto, el pequeño, dulce y cariñoso George O’Malley era, simplemente, un amasijo de carne y tendones. Quizás, ya ni siquiera era George O’Malley.
Después de Cristina, vino Alex, siguiendo el mismo patrón de conducta: tembloroso, desenfocado, al borde del colapso. No se trataba de su mujer, esta vez era su amigo, pero, por raro que pudiera parecer, en realidad, no cambiaba tanto las cosas.
Eran las letras de una palabra, eran aquéllos chiquillos tan dispares y tan diferentes que se miraron de reojo, eran… una familia.
Nadie dijo nada durante minutos… durante horas… durante días. Como un pacto tácito, los tres evitaron pisar aquella habitación. El miedo, a veces, es más fuerte que todo. ¿Y Izzie..? Veréis, cuando una ve las puertas de la muerte y la intuban por el camino, pasa semanas realmente jodida, sin fuerzas para ni siquiera pensar…
No obstante, pese a todo, George O’Malley fue el paciente mejor atendido de todo el Seattle Grace. Sin lugar a dudas. La doctora Miranda Bailey se ocupaba hora a hora de sus aplastados riñones, el doctor Mark Sloan de la parte plástica, la doctora Calliope I. Torres, su exmujer, de re-estructurar los huesos y el doctor Shepherd hacía control de daños.
Hubo numerosas operaciones y, en cada una de ellas, siempre había tres personas mirando la puerta del quirófano. Sin poder huir y sin poder entrar, porque… lo de Izzie, había sido gradual, en cierta manera controlable, una vez hechos a la idea… ¿pero esto? todo se había ido a la mierda en un supuesto segundo, y si lo aceptaban, significaría que era verdad.
Izzie se recuperó, tomó sólidos y… protestó. Y no, precisamente en ese orden. Les chilló, les llamó “insensibles” y les preguntó cómo eran capaces de dejar a George tullido y maltrecho en una cama de hospital, solo, y para más inri, soportando los lloriqueos culpables de Lexie Grey y Amanda. Para aquello, ya habían transcurrido veinte días desde el accidente, ya no había tiempo de más; aceptaron a ir a verlo con ella. Mejor juntos, que separados.
Alex empujaba a Izzie en su silla de ruedas, ésta era su escudo, con la firme convicción de que ella absorbería toda la situación con sus “oh, cariño!” y él no tendría que abrir la boca, mostrando compasión o un sarcasmo que no sentía. Después de todo, nadie podía negar que Isobel Stevens sabía llenar huecos hablando, con mayor o menor acierto, pero siempre los llenaba. Él, en cambio, no era un tipo que tuviera tacto con las palabras ni desenvoltura alguna con los sentimientos. Le habían enseñado a ver el mundo tras una densa capa de rudeza, ironía y despecho. Y eso, le había ido bien, había sobrevivido. Al menos, antes de conocer a Izzie, a Meredith, a Cristina y a… George. Pues, desde entonces, la supervivencia en soledad, ya no le valía.
Cristina… iba detrás, reacia, altanera y burlona. Más Cristina que nunca, con sus muros internos bien levantados, porque ella no era la niña que lloró hasta dejarse la voz mientras que intentaba que su padre no se desangrara, no… esa niña murió ese día, con su padre. Ella era la Cristina fuerte, la ganadora, la que podía con todo y con todos. George era el eslabón más débil, no era ninguna sorpresa aquello. Esas cosas pasaban a diario… Sin embargo, era Bambi, el excelente cirujano bajo presión que operó en un ascensor, era quien empujó con Bailey para traer al mundo a su hijo, era… tantas cosas…
Meredith Grey, recién casada con el amor de su vida, iba al lado de Izzie. Sinceramente, no sabía qué pensar, qué sentir… estaba atravesando un abanico repleto de emociones. Ella había atendido a John Doe, para después casarse y acto seguido descubrir que John Doe era… George. De locos. Para ella, John Doe había sido un héroe un poco tonto, un ciudadano cualquiera demasiado bueno para la sociedad de ahora… totalmente digno de admiración pero también de lástima. Y… resultó que, después de todo, George se había tirado enfrente de un autobús! Aquello cambiaba todo, era tan de George que… joder!
Fue Izzie la que abrió la puerta, odiando la oscuridad, el no saber. Ella ya se había cubierto los ojos con Denny como para toda una vida. Isobel Stevens iba a madurar, a mirar la vida de frente, tal como era, sin grandes actuaciones ni florituras varias, porque la vida no es así.
El paciente tenía una pálida luz encendida. Resultaba obvio que no podía soportar más. La carne de lo que debía ser su boca se estiró a modo de sonrisa, al verlos… o al tal vez, al sentirlos.
- Heee…y… ch…chh..iii..cos….. atre..viii..doo… a… ven…i…r .- Palabras sueltas, frase incompleta, voz hecha trizas, pero el mismo tono amable de Bambi.
Lloraron. Rieron. Ya podían; estaban los cinco.
M A G I C
// Nos aterra el cambio, nos paralizamos y cerramos los ojos, deseando no hacerlo, odiando el punto de no retorno, pensando que éste nos vapuleara a su antojo. Aun no sabiendo, lo que, en realidad va a cambiar. Pero el segundo llega, y nos sentimos determinados, acabados. Pero, eso no es cierto… si no lo dejas. Si no lo haces, tan solo, es un cambio de escenario. La elección es tuya. Siempre. Puedes gritar al vacío, puedes negarlo o…. puedes actuar y… brillar //
- Alec, tienes que estar calladito… ya sé que para ti será una tortura, pero debes hacerlo.- Ellie, con sus ocho años de edad, sermoneaba al niño de nariz extraña con la autoridad que le daba ser hermana mayor.- Hoy es un día muy importante para el tío y…
- Hey, mocositos, ¿Qué hacéis aquí? Venga, vamos a entrar…. Y calladito, Alec, guapo.
- Le estaba recordando yo eso, tía Cris…
Pero la mujer no escuchaba, ocupada en localizar a los demás y empujarlos hacia ellos. El niño, amoroso, se sentó en el regazo de su madre y la niña rubia como el sol, al lado del padre, tan serena como siempre.
- Estoy súper nerviosa, y no soy yo la que se va a subir al estrado!
- O’Malley es bueno bajo presión, Iz
- El mejor…
- Te olvidas de mí, Hunt.
- Créeme, Yang, nunca me olvido de ti…
Cambiaron la luz de la sala de congresos. Aspiraron impacientes.
El sonido de un bastón sobre la madera rompió en la sala. George O’Malley, caminó, despacio pero erguido, hasta el centro del estrado, donde le esperaba el micrófono.
- Bueno…os días a to..odos los pr..presentes. Como ya sabr.. brán, soy el Doc.. Doctor George O’Malley y voy a hab.. blarles sobr..e mi campo de investi... gación
George O’Malley volvió al presente.
- Tttto..dddooo.. vvvva… shhh…aaaaliiigr b…bbiee…eennnn[/spoiler]
D.
Título: Nunca pierdas la esperanza.
Personajes/Parejas: MAGIC, con menciones de dos personajes secundarios de menor importancia y uno inventado.
Sinopsis: Meses luego de su accidente, George O'Malley cree imposible volver a encontrar la esperanza que solía mover su vida, sin embargo, en uno de los momentos mas oscuros y difíciles para sus amigos, comienza a darse cuenta de lo contrario.
Advertencias: Este fic contiene spoilers de ka sexta temporada, haciendo alusiones a la trama de la fusión SGH/MW. Cuidado, spoilerfóbicos!
Notas de Autor: Grey's no me pertenece, le pertenece a Shonda. Y la verdad a veces no sé si eso es bueno o es malo xD
Total Palabras: 1916
[spoiler]George O'Malley siempre había sido un optimista, su alegría y buen carácter nunca lo habían abandonado, incluso cuando los mayores obstáculos se presentaban en su vida. Esa siempre fue una virtud a la que se aferró con fuerza. Sin embargo, todo tiene un limite y él lo había alcanzado de la peor forma posible.
Las heridas físicas del accidente duelen, es verdad, pero no duelen mas que las emocionales. Él había decidido cambiar su vida, darle una nueva dirección, un nuevo sentido, algo que llenase el vacío que venia sintiendo desde hace un tiempo y enlistarse en el ejercito y servir a su país habían parecido una buena idea. Luego de un tiempo sintiendo que siempre llegaba de ultimo a todo y que ya no tenia un propósito claro en la vida, empezar desde cero era la mejor opción. Pero la mala suerte se interpuso en su camino con una violencia nunca antes vista, destrozando sus sueños y haciéndolo sentir nuevamente inútil y derrotado. El optimismo de antaño se había ido y esta vez él sentía que para siempre.
Esta mañana el dolor es aún mas patente. Despierta, pero teme abrir sus ojos. Sabe que cuando lo haga volverá a ver la misma habitación en la que lleva meses confinado. Las mismas paredes blancas y frías, el mismo aroma a distancia, a lejanía de los suyos, el mismo molesto y odioso tic tac del reloj recordándole el tiempo que está perdiendo, restregándole en la cara que aquella vida con la que sueña tal vez jamás llegue a ser una realidad. Cuando por fin se resigna a enfrentar la realidad, ni siquiera es capaz de intentar esbozar una sonrisa cuando la alegre enfermera que está a su cargo lo saluda y sin que él se lo pida, le informa de las nuevas novedades del hospital. Su rostro dolorido no es la única razón por la cual no puede responder a su alegría, por mas que sepa que ella está realmente feliz de verlo vivo y recuperándose, no puede evitar sentir que ella esta siendo condescendiente, que ni siquiera se preocuparía de hablarle si no sintiese lastima por él y lamentablemente no es solo ella quien le da esa impresión.
Sus compañeros y amigos de siempre lo visitan seguido, ya sea para saludarlo, hablarle o solo sentarse a su lado. Sin embargo, la sensación de que sólo lo hacen porque lo compadecen no desaparece por un solo segundo. Él los quiere, agradece sus visitas, pero a veces quisiera que los dejaran solo, porque aunque no sea su intención cada momento que pasa junto a ellos le recuerda que ha fallado. Les ha fallado a ellos, le ha fallado a su familia, al hospital, a su país. Nuevamente vuelve a sentir que es aquel chico al que todo le sale mal y esta vez no es capaz de verle el lado positivo. La situación parece no tener salida, aunque en el fondo de su corazón sigue esperando una señal, sin saber que a veces aquellas señales pueden surgir de las situaciones mas inesperadas y que pronto el destino se lo demostraría.
Las usuales visitas se suceden durante el día, pero algo extraño ocurre y no es difícil saber que nada tiene que ver con él. Todos y cada uno de sus amigos intenta mantener la misma actitud que han tenido con él desde que comenzó a recuperarse, pero algo les preocupa y nadie quiere decirle. Luego de que todos se han ido es hora de la acostumbrada visita de Amanda, la chica que salvó y que es la única que luce calmada hoy, le cuenta su día. Sonríe y lo mira con algo que él está seguro es solo compasión, pero que hace varios días se encuentra deseando que sea algo mas. Sabe que tal vez sea imposible que así sea, pero no le importa, por ahora está contento con el hecho de saber que ha ganado una amiga. Luego de unos momentos ella se va, debe estudiar, le dice y con una sonrisa se despide prometiendo volver al día siguiente. El silencio vuelve a apoderarse de su habitación, hasta que otra enfermera llega a revisar que todo esté bien y le informa lo que está ocurriendo: Un cambio significativo se producirá dentro de los próximos días. El Seattle Grace Hopsital ya no volverá a ser el mismo de siempre, ahora se fusionará con su rival, el Mercy West, lo cual tiene a todos preocupados por perder sus trabajos. Ahora tiene claro por que sus amigos se comportaban tan extraño y al escuchar la noticia vuelve a sentirse frustrado por no poder estar ahí para ellos justo cuando mas lo necesitan.
Los días pasan y la tensión aumenta. Todos lo notan y lo hacen notar, incluso el mismo George, cuyo humor ha cambiado aún mas luego de saber todos los procedimientos por los que aún debe pasar para recuperarse totalmente. Su paciencia está siendo puesta a prueba tanto como la de sus amigos, a quienes insiste en interrogar sobre lo que está ocurriendo en el hospital pese a que fingen no darle importancia. Las cosas han cambiado tanto, se dice, que ya ni siquiera está involucrado en algo que hace algún tiempo seria un asunto concerniente a todos.... Definitivamente sus amigos piensan que no va a a lograrlo, esa debe ser la única explicación, y no los culpa, el panorama para él luce tan poco auspicioso como para su lugar de trabajo.
El temido día se acerca. Es la noche anterior a la llegada de los médicos del Mercy West y sus amigos pretenden que todo está normal, pero sus expresiones cambian de inmediato al ver a cuatro personas vestidas de naranja paseando por los pasillos.
“Vaya, han venido a ver que mas pueden quitarnos”, anuncia Cristina, con un dejo de rabia en su voz que no solo tiene que ver con lo que está ocurriendo en el hospital.
Los demás la observan y, salvo George, parecen decirle con la mirada que está hablando de mas. Izzie anuncia que es mejor cambiar de tema y los demás están de acuerdo, aunque Meredith ya no es capaz de mirarlo a los ojos luego de eso. Él realmente siente que esta es la gota que rebalsó el vaso e intenta hablar, pero su rostro aún duele y pronunciar las palabras no es fácil. Al ver su dolor, Meredith le acerca un cuaderno y un lápiz
“Usa esto”, le dice, “tomate tu tiempo”, sonríe y un por segundo lo mira a los ojos, pero luego vuelve a evitarlo, pensativa y algo triste. Cuando los observa a todos detenidamente ve la misma expresión en todos. Le duele verlos así, pero mas le duele sentir que en parte es su culpa.
Vuelve a abrir la boca para hablar, ignorando los consejos de sus amigos quienes le dicen que no lo haga porque es mucho esfuerzo. Pero él necesita ser escuchado. Nunca lo había necesitado tanto en su vida.
“Perdóneme”, les dice apenas y con mucho esfuerzo
“George, tú no tienes nada por que pedirnos perdón”, le contesta Izzie
“S...si... si tengo... Les he fallado”, le responde, “no he estado ahí... con... ustedes”, continua y de inmediato espera a sus amigos haciéndolo callar y muestras de condescendencia... Pero sus respuestas lo sorprenden
“Tú no nos has fallado, George”, le responde Cristina, tan categóricamente que nadie se atrevería a dudar de la veracidad de sus palabras
“Claro, hombre”, añade Alex, “tú has estado aquí recuperándote. Eso no tiene nada de malo, no tienes que disculparte por eso, así es la vida, O'Malley”
“No... no es verdad.... Yo debería... yo debería... estar con ustedes..” comienza, pero Izzie lo interrumpe de inmediato
“¿Tú sientes que no has estado ahí para nosotros?, ¿en serio?. George, pero si lo único que has hecho este ultimo tiempo es estar aquí cada vez que lo necesitamos. .. Cada vez que te necesitamos a ti”, concluye con una sonrisa.
“Yo quiero ayudar”, les dice, “yo necesito ayudar.... y no puedo..... Y no voy....”
“No, George”, lo detiene Meredith esta vez, ahora decididamente mirándolo a los ojos, “no digas eso. Tú nos has ayudado mas que nadie en este ultimo tiempo. Izzie tiene razón, siempre has estado ahí para nosotros y esta no es la excepción. No has hecho nada malo, estás luchando por retomar tu vida y me duele saber que sientas que te estamos culpando, porque no es así... George, sé que esto va a sonar cliché y ridículo, pero tú luchando cada día para salir de aquí hace que todos nosotros queramos luchar. Cada vez que no tenemos fuerzas, cada vez que sentimos que no podemos mas, pensamos en ti y eso nos mueve a seguir. Jamás lo dudes. Estás ayudando.”
“Es verdad, George”, añade Cristina y aunque suena extrañamente dulce para ser ella, él sabe de inmediato que habla con la verdad, “eres una persona honorable, tal vez una de las mas honorables que haya conocido en mi vida, eres un ejemplo para nosotros, das tu mayor esfuerzo en todo. Estamos asustados, es verdad, pero tú nos ayudas a mantener la calma. No vuelvas a decir que no nos ayudas, porque eso es una estupidez, en serio”
El silencio vuelve a reinar. Pero esta vez es un silencio lleno de calma. Los cuatro chicos se acercan a él y lo observan. Y él ya no siente que es un bicho raro, ya no siente que lo compadezcan, ya no ve extrañas señales en la forma en que lo miran. Ninguno de ellos rompe el contacto visual con él y lo puede ver con asín mas claridad cuando se paran a su lado. El cariño y la admiración de sus amigos por él brilla, claro y sincero en sus miradas y no necesitan decírselo. No necesitan mas palabras cariñosas para demostrárselo, lo hacen solo con el simple hecho de estar a su lado.
Él vuelve a observar por la ventana y ve como los cuatro desconocidos siguen ahí, paseándose y riéndose de algo que seguramente es estúpido. No parecen nada agradables y sus amigos lo notan.
“Esos idiotas parece que son una pesadilla. Desde ya no me agradan”, dice Izzie
“Vamos a necesitar mucha paciencia con ellos”, agrega Meredith, “se creen los dueños del hospital desde ya”, reclama y todos asienten con la cabeza. George la mira
“Bueno.... van a tener que probarles.... que aquí mandan ustedes”, dice con calma, pero con seguridad.
“Es verdad, somos los dueños de este lugar. No nos van a sacar tan fácil”, dice Cristina
“Cuando vuelvas, O'Malley, entre todos les vamos a patear el trasero. Estoy seguro. Parecen unos debiluchos, ”, le dice Alex, “tenemos suerte de tener gente con agallas en nuestro equipo”. Añade y por primera vez en mucho tiempo, George ve que aquel amigo con el que tantas diferencias a tenido a lo largo del tiempo no está bromeando. Ninguno de ellos bromea. Son un equipo. Y dejar de lado el optimismo seria una estupidez ahora. Es verdad, es un momento difícil para todos, pero han pasado por peores, se dice, han pasado por peores y han sobrevivido. Él ha sobrevivido y hasta el día de hoy no se había dado cuenta de lo agradecido que debe estar. Tal vez no sea el mas fuerte, tal vez no lo era tampoco antes de su accidente, pero para salir de esta no necesita fuerza, necesita esperanza. Y por sus amigos, por todos los que quiere y por él mismo, nunca mas la dejará ir.[/spoiler]
E.
Título: MI GEORGE
Personajes/Parejas: Meredith Grey y Derek Shepherd
Sinopsis: Reflexiones de Meredith Grey sobre lo que supone George en su vida.
Advertencias:
Notas de Autor: Transcurre cuando Meredith sale del hospital una vez recuperadas las constantes vitales de George e Izzie.
Total Palabras: 824
[spoiler] Aún con el corazón en un puño por los duros momentos vividos en las últimas horas, Meredith Grey recorría el ahora ya silencioso pasillo del SGH. Atrás quedaba la angustia por la parada cardiorrespiratoria de Izzie cuando parecía haber superado los momentos más críticos tras la intervención de Derek. Sabía que, ocurriese lo que ocurriese entre ellos, y ella les deseaba lo mejor, Alex había demostrado con creces lo mucho que amaba a su flamante esposa. No sólo como médico, también en su propia carne ella había comprobado cómo los duros momentos vividos al enfrentarse a la enfermedad y la muerte dan una ligazón especial a las personas que lo sufren. Es como si se diese un paso más allá y eso, de verdad, es indisoluble. Y en cierto modo, ella sentía que eso mismo es lo que había vivido con George cuando el destino había querido que fuese ella, precisamente ella, la persona a la que el desconocido confiase su identidad. El era 007, George. Su George. Aquel tierno y tímido compañero de residencia que un día ella invitase a compartir su casa. El mismo cuyo hombro siempre estaba para desahogar las penas de su corazón, a expensas de castigar el de el ajena a sus propios sentimientos no correspondidos. Quien fuese el sustituto ideal del hermano nunca tenido, dando el punto de vista masculino a aquella nueva vida iniciada en el hospital y conviviendo con iguales. El George que pese a reclamar su identidad sexual como hombre la obviaba al compartir absolutamente todas las vicisitudes del día a día de Izzie y ella misma. Se le escapó una sonrisa al recordar su infructuosa batalla para no tener que comprar tampones o las muchas veces que Izzie se había paseado semidesnuda en su presencia mientras él usaba el baño común. George... Sí, su George. Lo era. Sabía que le había hecho mucho daño cuando le usó para paliar la soledad que el abandono de Derek le había producido. Fue un error del que se arrepintió casi en el mismo momento en que constató lo que implicaba pero que no supo parar a tiempo. Y aunque no era realmente consiente del enamoramiento de George, sabía que no le era indiferente y que, pasase lo que pasase, aquello cambiaría todo para siempre entre ellos dos. Y lo cambió. Absolutamente. Ella perdió a ese casi hermano. Y esa especie de orfandad arrastró a George fuera no solo de la vida de ella, sino de la de Izzie, haciéndole seguir errático y volcándole en los brazos de Callie. Sediento de amor correspondido, en el momento de mayor vulnerabilidad, una nueva mala decisión le empujó a un prematuro matrimonio de rápido y desastroso desenlace. Durante un tiempo, se sintió fatal y absoluta responsable de aquella cadena de insensateces en la vida de George. Ella había abierto la espita... Pero es que ella misma estaba pasando por momentos especialmente difíciles con las personas más importantes en su vida. Sus dos amores no correspondidos: su madre y Derek. Ahora, su vida era muy diferente. Y la de George. Ambos habían madurado y sabían lo que querían y cómo lo querían. Ella tenía el amor de su compañero y marido y había recuperado el cariño de George. Ya no era aquel osito achuchable. Pero era George. Su George. Suspiró levemente y se sentó fijando la mirada en la taquilla semivacía de George. Aún quedaba allí la bata bordada con su nombre y la libreta donde solía hacer anotaciones. No la necesitaría en el Ejército... Y una nueva punzada en el corazón le recordó que, pese a no haberle perdido para siempre en el accidente, George había optado por seguir su camino lejos de allí. Lejos de sus compañeros de residencia. Lejos del SGH y todos los que en él trabajaban. Lejos de Seattle y la que había sido su ciudad. Lejos de su mundo... El doctor Hunt había pronosticado que salvo la recuperación física de su aspecto, apenas quedarían secuelas del fatal accidente sufrido. Pero, aunque nadie lo había pronunciado en voz alta. Todos ellos sabían que hacían falta mil y una intervenciones para recuperar un aspecto "aceptable". Y suponiendo que todo transcurriese sin mayores obstáculos, y la cicatrización fuese correcta, todos dudaban que realmente llegase a incorporarse al Ejército activo. Y por eso, Meredith tenía la secreta esperanza de que volviese. De que su George volviese a la que había sido su vida, su trabajo y su familia en el SGH.
- ¿Estás preparada? La voz de Derek le sacó de su ensimismamiento y fue como si un suave bálsamo se aplicase sobre su ánimo.
- Estaba distraída... No tardo. Y supo que no tenía que añadir mucho más. El comprendía y sabía los miedos y fantasmas que acechaban su corazón.
- Lo superará... Todos lo superaremos... Y una amplia sonrisa acompañó sus palabras.
- Es que... es George. Mi George. Realmente, no había nada más que añadir. Lo era. [/spoiler]