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Regreso a los origenes, [Edward]
| Pepito Grillo |
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James miró al joven que estaba junto a él y reconoció en sus palabras la sabiduría de su padre. Había que vencer, si, pero no a cualquier precio. Pero él no estaba pensando en ese momento solo en la victoria, sino en que su responsabilidad ahora era devolverle vivo a sus padres. Pues de lo contrario no podría perdonarselo y si debía sacrificarse para conseguirlo... Lo haría, quisiese o no el joven. Asi que sonrió mientras colocaba una mano sobre su hombro, apretandoselo como toda respuesta antes de encabezar la marcha.
Durante el trayecto ni James ni el resto de hombres perdieron detalle de la destreza y seguridad con la que ambos jovenes enfrentabas a aquellas criaturas. Sin lugar a dudas parecían tan capacitados como ellos para la lucha pero no había nada en sus movimientos que les hiciese pensar que podían vencer allí donde ellos habían fracaso. Sus filos atravesarían al espectro como las balas de sus rifles o las hojas de sus sables. ¿Acaso el joven les ocultaba algo? Tenia que haber algo que justificase su osadía cuando sabía ya a lo que tendría que enfrentarse.
Cuando Edward les pidió su voto de confianza la única razón por la que se lo dieron fue porque la fé era lo último que les quedaba. Ellos ya lo habían intentado una y otra vez fracasando estrepitosamente, debían confiar en que esos jovenes marcarían la diferencia porque eran practicamente su última esperanza. Pues ni siquiera la inminente llegada de la Marina le parecía un remedio contra aquel mal. El conocía las armas de las que disponían estos, iguales a las suyas. Solo algo tan irreal como aquel mismo ser podría vencerle.
Las palabras del fantasma pudieron ser ignoradas por los hombres de su padre pero no asi por su hijo. Edward correspondió a la arrogancia del enemigo con otra de su propia cosecha. No dudando en identificarse orgulloso como el hijo de su padre.
-¿Este Teach? !Este Teach! - preguntó primero con cierta sorpresa y despues con una evidente satisfacción. Riendose despues a carcajadas como si aquello fuese el mejor de los chistes. -Que perverso placer poneis a mi alcance. ¡¡Le quitaré a Teach su futuro como él me arrebató el mio!! - añadió todavía con esa estruendosa y escalofriante risa.
Se burlaba abiertamente de ellos, riendose todavía más fuerte al ver como el joven le atacaba directamente con unas armas que nada podían hacerle. Por un instante, al ver aquel resplandor, la risa se congeló en sus labios. Pero nada ocurrió, ni siquiera aquel extraño efecto logró provocarle daño. Solo aquella indecisión, aquel pequeño silencio que concedía más lo que al fantasma le gustaría.
-Pequeño gusano. ¿Eso es todo lo que tienes? ¿Eso era lo que considerabas que marcaría la diferencia? ¡Estùpido infeliz! Ve preparandote, Teach. Hoy moriras. - se burló una vez más, con un brillo sanguinario en la mirada. -Y me encargaré personalmente de que sea doloroso. - se carcajeó mientras atravesaba al joven, soltandole en pleno rostro su putrefacto aliento.
Amy gritó, preocupada, al ver que Edward parecía estar lejos de controlar la situación. Y, obligandose a confiar en él, se lanzó contra el enemigo con todo. Consiguiendo como premio una sensación helada que caló hasta sus huesos y la desalontadora realidad de que nada podía hacer. Estaba perdida. Asustada, miró nuevamente a Edward.
-¡Es imposible, Edward! ¡No puedo hacer nada! - le gritó ella con los ojos muy abiertos y una expresión tensa en el rostro.
Las carcajadas del espectro podían ser escuchadas por todos mientras al rededor de los jovenes la lucha no cesaba. Si el joven Teach tenía un truco en la manga era el momento de utilizarlo.
Fantasma
-Incorporabilidad: el fantasma no recibe daño de ataques físicos. No entra daño.
-[A]Gas Negro: (0/2) Causa el estado Alterado Virus a un enemigo. A Edward.
PO: 1/?? PM: 9/??
Amy
-[A] Tu te lo has buscado (33/5)
PM: 7/?? PV: 5/??
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| Edward |
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Edward chasqueó la lengua, sospechado que estaba hablándole a una pared. LLegado el momento, haría lo que creyera más correcto, y eso le honraría, pero no podría decirse lo mismo del muchacho, que no tenía intención alguna de vivir con ese pesar sobre sus hombros.
Ya en el combate, siendo el muchacho partícipe de la situación, fue un poco más consciente del contexto que envolvía a la situación. Aquel hombre era un no-muerto de algún pirata que en vida había sufrido a manos de su padre. Quién había sido el artífice de tal despropósito hacia la vida le era desconocido.
Sus dagas hendieron el cuerpo del ser sin causar daño alguno a éste, rasgándolo como si se tratara de simple viento con forma. Se lo esperaba, por lo que tras dar el tajo saltó hacia atrás, tomó una distancia prudencial y comenzó a concentrarse. Las sucias palabras del fantasma no hicieron mella en su concentración, no pudiendo decir lo mismo de del putrefacto aliento, que le causó un malestar considerable.
Pese a que su estómago estaba revuelto, su cuerpo no dio muestras de haber sufrido los efectos. El ambiente comenzó a cambiar, el viento comenzó a azotar la habitación mientras que pequeños destellos surgían de las dagas del chaval.
- ¡Ten paciencia! - dijo, teniendo que alzar debido al viento que le rodeaba ya. Saltó sobre su enemigo, asestándole un tajo vertical, en paralelo con ambas dagas. Si lo esquivaba, no importaría, de las dagas saldría proyectado un relámpago que recorrería todo su fantasmagórico cuerpo, a la vez que un viento huracanado azotaría su cuerpo. - Nadie morirá hoy. Pero tú... tú desaparecerás.
Sufre Virus y Borroso queda desactivada, pero Confianza no al durar solamente un turno.
-[A]Tempestad: (10/3) + (10/3): dos ataque mágicos (uno de rayo y otro de viento) a los que se le añade las características físicas en vez de las mágicas. Si se usa esta habilidad no se podrá disfrutar de la ventaja de Dual por este turno. x2 (Confianza) + 9 (Fuerza del arma) +7 (Poderío físico) = 36 dos veces contra el fantasma, obviamente.
PV: 61/61 PM: 15/23 PC: 10/11
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| Pepito Grillo |
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En ese momento, cuando la esperanza comenzaba a apagarse en los ojos de su compañera, ocurrió el milagro. El viento comenzó a soplar en la habitación con la misma fuerza que podría hacerlo el altamar, como si se avecinase una tormenta. Como experimentada navegante que era, Amy pudo sentirlo. Notar la electricidad en el aire antes incluso de ver aparecer las primeras chispas sobre la daga de Edward. Para un mundo como aquel en el que la magia era algo con lo que las madres asustaban a sus hijos, un poder oscuro propio solo de la brujeria, el rayo que atravesó al fantasma parecía salido del mismo cielo. Un poder propio de un Dios que los habitantes del Caribe solo habían visto de mano de la madre naturaleza. Las exclamaciones sorprendidas de muchos solo se acallaron cuando un estremecedor rugido escapó de los labios del ahora herido fantasma. Por primera vez desde que había renacido había sentido el dolor, aquel insignificante crio tenía lo único que él podía haber temido. Lo que nunca había existido en aquel lugar. La victoria no parecía ahora asegurada, jugar al gato y al ratón con su victima ya no era una opción. Debía aplastarle antes de que pudiese volver a utilizar aquel poder. - Gusano insignificante, no me quitarás el placer de arrebartelo todo. ¡No voy a perder! No moriré otra vez. ¡Muere como la rata que eres!La temperatura de la habitación descendió bruscamente como la helada de la mañana, haciendo que Amy tuviese que apretar los dientes para que no le castañeasen. Y no fue la única. El viento, el relampago y ahora... el hielo. Pues lo siguiente que pudo sentir la joven fue como sus manos se entumecían, cubriendose incluso por una fina capa de hielo. Un frio tan intensa que se sentía como una quemadura. Algo que parecía destinado solo a los más jovenes.  - ¡Solo tu puedes vencerle, Edward! Ayudaré a los demás ya que nada puedo hacer por ti. - dijo Amy, posando a duras penas su mano sobre el hombro de Edward y apretandola levemente. Una ligera sonrisa había aparecido en sus labios totalmente dedicada al joven. Ella no podía evitar verle con otros ojos ahora. Ya había visto de lo que era capaz antes pero cada vez quedaba más demostrado que no era ningún crio pese a la juventud de su rostro. Había vivido lo suficiente para convertirse en un hombre, siendolo más que muchos de los piratas que ella se había cruzado en su vida. Siguiendo un impulso quizás llevado por saber que su vida estaba en esas manos y ahora si confiaba en que él la protegería o porque su arrojo y su fuerza le daban un inesperado atractivo, quizás por un poco de todo, depositó un beso sobre la piel helada de su mejilla. Despues de eso se dió la vuelta y con una velocidad felina corrió hacia la verdadera batalla, aquella en la que podría patear el culo de sus enemigos. Cada uno debía librar su propia lucha y la de Edward estaba escrito que debía ser en solitario. - Una mujer demasiado bonita para ti ¿no crees? Creo que estaría mejor muerta que con un tipo como tu. ¿Que opinas, Teach? - bramó entonces el fantasma carcajeandose mientras levantaba su pistola en dirección a la nuca de Amy. ¡Ella será la primera en morir! - gritó con satisfacción, dejandole al chico solo unos segundos para reaccionar antes de que la fantasmagórica pistola se disparase. Fantasma-Incorporabilidad: el fantasma no recibe daño de ataques físicos. No entra daño del ataque de Amy. El ataque de viento pasará a ser un ataque de 72 al ser el fantasma debil a ese elemento. -[D]Esquiva: (25/0) Le entran 11 pv y el otro 47pv, 58 pv en total. - Rabia: se activará cuando sus Pvs bajen de la mitad, su resistencia y poderio mágicos se duplicarán. -Enfriar el ambiente: gasta 1 PO. Todos los ataques del fantasma hacen daño de Hielo y además 4 PV adicionales durante dos turnos. Si recibe un ataque de fuego, le cuesta 1 PM más defenderse ese turno. -[A]Aliento Helado: (31/2) ataque mágico que afecta a dos enemigos, de elemento Hielo. PO: 2/?? PM: 11/?? PV: 58/?? Amy-[D] Reflejos: (17/1). Entran 14 pv. PM: 8/?? PV: 19/??
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| Edward |
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Edward, tras retomar la distancia prudencial con el fantasma, se mantuvo en pose defensiva, anteponiendo las dagas a su cuerpo, mas no dudó en esbozar una sonrisa torcida al escucharla las ligeras e inútiles palabras del fantasma, sonrisa que no dudó en mostrarle para que viera cuánto le imponía.
Como primera señal de su venganza, notó el chico que su aliento se helaba al contacto con el aire. A los pocos instantes, todo su cuerpo temblaba del frío, pero no se dejó amilanar, movió sus brazos bruscamente, sacudiéndose la ligera capa de hielo, mientras miraba hacia Amy, para comprobar su estado.
El frío le había calado hasta los huesos, que le dolían como si de un anciano se tratase. Las palabras de ánimo de la chica no fueron suficiente como para despejar el frío de su cuerpo, sin embargo, el beso depositado sobre su mejilla provocó que su desacostumbrado cuerpo entrase, desde dentro hacia fuera, en un repentino y vergonzoso calor, que pugnaba con su helada piel para sonrojar sus mejillas. Por suerte para el chico, que aún así se mantuvo de piedra (más por el sobresalto que por que mantuviese la compostura), sus mejillas siguieron heladas.
La vergüenza desapareció cuando se enfrascó de nuevo en la batalla, mediante las palabras insultantes del pirata. Parecía que de aquella forma era más fácil alterar al muchacho que con amenazas vacías. Apretó los dientes, agarró con fuerza sus dagas, tanto que con el frío incluso le dolía la palma de las manos y respondió.
- No harás más daño, ni a ella ni nada de lo que quiero. - no vio necesario añadir nada más, pues la furia bullía en su interior y prefería descargarla sobre el incorpóreo con acciones que con palabras. Al final, nada quedaría de su enemigo, y eso es lo que importaba.
Emprendió la carrera contra su enemigo, acortando los pocos metros que le separaban para saltar sobre él, girando sobre sí mismo en el aire aire, cortando con su daga cargado de energía mágica el arma de su enemigo. Fuera mágica o fuera física, sufriría las consecuencias.
Cuando cayó al suelo, las dos dagas estaban incrustadas en el interior del cuerpo del fantasma, con el joven hincando una rodilla en el suelo y con los dos brazos extendidos hacia delante. No parecía que se las hubiera clavado, simplemente, estaban en el interior del cuerpo etéreo, mientras las hojas brillaban con fuerza.
De forma repentina, todo el poder que descansaba en el interior se liberó, creando una tormenta en miniatura que se extendió desde el interior del cuerpo del fantasma hacia fuera, con rayos que salían de su interior y se extinguían a pocos centímetros de distancia de su cuerpo y vientos huracanados que se arremolinaron alrededor de su cuerpo, azotándole solamente a él. Mas el poder del ataque mágico provocó que el joven saliera repelido, cayendo por el suelo un par de metros más allá del fantasma, rodando por el suelo para incorporarse de un salto, observando la escena.
-[D] Piruetas: (8/2) No funciona contra ataques aéreos ni de criaturas voladoras. Requiere Poder 11. + 4 (resistencia mágica) = 12. Entran 19 PV.
x 2 -Velocidad Felina: Por cada punto de corazón que gastes, puedes hacer un ataque adicional (no de combos) hasta un máximo de tres por combate. Requiere Poder 6 y Valor 4.
x 2-[A]Tempestad: (10/3) + (10/3): dos ataque mágicos (uno de rayo y otro de viento) a los que se le añade las características físicas en vez de las mágicas. Si se usa esta habilidad no se podrá disfrutar de la ventaja de Dual por este turno. + 7 (Poderío físico) + 9 (Fuerza del arma) = (26/3) cuatro veces, dos de rayo y dos de viento.
No está aclarado si la habilidad gasta una o dos acciones. Es obvio que gasta dos, por ello hago dos Velocidades felinas, para hacerla dos veces.
PV: 42/61 PM: 1/23 PC: 8/11
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| Pepito Grillo |
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La joven no llegó a ser consciente del peligro que corría pues este no logró materializarse. Amy se había lanzado a la batalla dispuesta a librarse del frio que había atenazado su cuerpo, una vez se veía sumergida en el combate todo temor desaparecía de su mente y aquella no iba a ser la excepción. Su mente se iba centrando en cada nuevo enemigo una vez que despachaba al anterior. Ignorando el dolor de sus heridas o el cansancio de su cuerpo. Era una batalla a vida o muerte, como lo habían sido todas las que la habían precedido, y en ellas nunca había tiempo de pensar en lo que ocurriría despues. Pero aunque Edward y Amy estuviesen concentrados en su lucha particular, ajenos a ciertos detalles que les rodeaban, aquellos que llevaban meses repitiendo una y otra vez la misma batalla si fueron capaces de percatarse de la importante diferencia entre este y los anteriores. Para empezar el número de enemigos no se recuperaba con la misma rapidez que en otras ocasiones. De hecho el número iba reduciendose por momentos desde que Edward había logrado traspasar la defensa del líder. Entre ellos intercambiaban miradas, no queriendo dar voz a sus pensamientos para no tentar a la suerte. Sus ataques se volvieron más implacables, más feroces que nunca. Ya no estaban soportando el asedio, deteniendo el avance del enemigo, sino que estaban reduciendolo. ¡Estaban ganando terreno! El pirata fantasma se había olvidado de sus aliados, demasiado concentrado en la inesperada amenaza que aquel crio representaba para él. No había herida alguna en su cuerpo que lo mostrase, ni sangre que escapase de su cuerpo debilitandolo, pero estaba seriamente herido. De haber sido realmente consciente de ello quizás se habría retirado, escapando a algun lugar oscuro donde poder fortalecerse y planear una nueva estrategia ante los recientes acontecimientos. Pero durante aquellos meses se había emborrachado de poder, sintiendose casi como un Dios que no podía ser derrotado por aquellos simples mortales. ¡El! Que había regresado de la misma muerte, inmune al acero y las balas, no podía ser derrotado por el hijo de su peor enemigo. Su soberbia sería la que terminase con él. Y no sería hasta el último segundo, al ver aquellas dagas magicamente incrustadas en su cuerpo, que el conocimiento de aquel hecho le sería revelado. Antes incluso de sentirse arrastrado por aquella magia, aullando de dolor mientras se desvanecía en una bruma blanquecina, supo que había llegado su final. - ¡Morirás! ¡Destruirán este mundo! ¡Lo destruirán todo! Ja ja ja... - Sus palabras solo pudieron ser escuchadas por Edward mientras sus últimas carcajadas resonaban en la habitación por un momento. Si las amenazas estaban vacias o no nadie podía saberlo, pues estas callaron mientras la nueva tormenta estallaba en la habitación, abriendo puertas y ventanas hasta que solo quedó silencio. Ya no quedaba nadie que pudiese responder a aquello y solo el joven podía tener alguna pregunta. Todo el mundo se había detenido a observar sorprendido a Edward, intentando buscar palabras ante el milagro que habían presenciado. Estaban demasiado agradecidos como para recordar sus prejuicios contra la magia. Despues de aquel día muchos serían los que insistirían que el mismo Dios había intervenido, de manos del joven elegido, para salvarles.  - ¡Lo has logrado! ¡Realmente lo has logrado! - fueron los gritos de la joven lo que hizo que todo el mundo volviese en si. La euforia les hizo olvidar que el trabajo todavía no estaba terminado, dejandose llevar por el momento entre gritos y silbidos. Abrazandose mientras vitoreaban el nombre de Edward, el nombre de su propio lider. Al tiempo que Amy se lanzaba a los brazos del joven, rodeandole el cuello para separarse despues y mirarle directamente a los ojos. No podía decir que hubiese confiado en él en todo momento, ni siquiera podía saber que le había llevado a seguir a aquel desconocido hasta aquel peligroso lugar. Pero estaban vivos y eso era lo único que importa. - ¡Eres un maldito heroe, Teach! - le espetó entonces comenzando a reir, sin llegar a separarse de él. Dandole un impulsivo y rápido beso en los labios antes de agarrarle una de sus manos y levantarsela en gesto de victoria. Repetido por todos mientras los gritos y silbidos subían de tono ante aquello. - ¡Ya basta! ¡Ya basta! Vamos a terminar el trabajo antes de empezar con la fiesta. Esas malditas alimañas no tendrán oportunidad alguna ahora. ¡A por ellos! - gritó James por encima del ruido, debiendo tomar el papel de la voz de la razón, recibiendo a cambio rugidos de asentimiento mientras los hombres comenzaban a correr hacia la puerta.
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| Edward |
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Su cuerpo se relajó al desvanecerse el de su enemigo en una bruma blanqueada, pero no su mente, atenta a las severas palabras del pirata. ¿Acaso, a diferencia del resto de fútiles amenazas, tomaría en serio la más temible de todas? menuda pregunta más estúpida, simplemente, no podía ignorarla.
Su cuerpo se irguió, mientras su mente divagaba, mirando hacia el lugar donde había perecido su enemigo. De ninguna manera podía esperar la efusiva celebración de Amy, rodeándolo con sus brazos. Su mirada estaba completamente perdida en algún punto infinitamente lejano, sin embargo, volvió en sí justo cuando Amy decidió unilateralmente depositar sus labios sobre los del chico.
Tremendamente avergonzado, dejó que la pirata alzara su puño en señal de victoria. James, por suerte, les hizo entrar en razón, momento en el que bajó su brazo, girándose hacia Amy.
- ¿No te has dejado llevar demasiado? - dijo, mirando al frente, hacia los hombres victoriosos de su padre. Se notaba que estaba demasiado avergonzado como para mirarla directamente a los ojos - Dejémosle el resto a los hombres de mi padre, estoy agotado. - dijo, enfundando sus armas de nuevo.
Los enemigos que restaban serían presa fácil del acero de los demás, nada que ver con aquel fantasma. No tardarían demasiado en acabar con todos ellos, por lo que lo había conseguido: nadie más había muerto ese día. Sin embargo, esto aún no había acabado. No quería que nadie se preocupara, quería que disfrutaran del momento. De hecho, ya había decidido que sólo se lo contaría a Amy y a su padre, pues no quería preocupar a nadie.
- Supongo que ya todos lo suponíais, pero la marina no vendrá, no tienen noticias de este lugar, yo soy todo lo que teníais, gracias por confiar en mí. - dijo, mirando a James en particular, mientras avanzaba hacia la puerta.
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| Pepito Grillo |
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La pregunta de Edward recibió una carcajada de Amy, que le dió un toque en la frente con uno de sus dedos antes de mirarle con los brazos en jarras.  - ¿Demasiado? Has conseguido lo imposible y te parece demasiado un besito de nada. ¡Diablos, Teach! Por un momento me habías hecho olvidar que eres solo un renacuajo. - dijo entonces ella burlona, divertida ante el hecho de que él ni siquiera fuese capaz de mirarla a los ojos. No replicó a la petición de Edward, no tenía interés en participar en la masacre. Ella había venido allí para ayudarle y si él consideraba que habían hecho suficiente, ¿quien era ella para quejarse? Solo esperaba no tener que recordarle que no lo había hecho por simpatía. Una no vivía de simpatía. Y en ese mundo menos todavía. James era el único que quedaba en la habitación cuando Edward decidió sincerarse. Le miró de arriba a abajo y cuando parecía a punto de soltar una maldición se escuchó una carcajada. Le palmeo la espalda con fuerza sin dejar de reir y sin decir nada más, negando con la cabeza, salió por la puerta en persecución al resto de hombres. Turquesa estaba ahora en buenas manos, pronto sería una isla libre. Al menos por ahora. Cuando se hubieron quedado solos Amy dejó que fuese Edward el que tomase la iniciativa, él conocería el camino mucho mejor que ella. Cuando finalmente llegaron hasta donde estaban sus padres el lugar se encontraba considerablemente mas vacio que al abandonarlo. Era evidente que la noticia de la victoria de Edward había sacado a más de uno de su cama. Todos los que tenían fuerzas para luchar habían cogido las armas y corrido a la batalla. Los jovenes se encontraron con numerosos agradecimientos y felicitaciones en su camino hacia la cama de su padre pero nadie los detuvo. Asi que llegaron sin contratiempos a la cortina que separaba la cama de su padre de la del resto de heridos, siendo esta abierta violentamente casi al mismo tiempo. Alice se encontró a su hijo a un palmo de distancia. Sonreía, ya había sido advertida de que se encontraba sano y salvo, pero aun así le abrazó con fuerza. - ¡Mujer! Dejame ver a mi hijo. - una voz masculina, fuerte y divertida, se escuchó en la habitación provocando con ello que todas las miradas se volviesen hacia la cama. En ella estaba sentado Francis Teach, mirando con orgullo a su hijo y una ligera sonrisa pintada en su rostro. - ¿A que estas esperando? Ven aquí y abraza a tu padre. - dijo este, intercambiando una fugaz mirada con su mujer. Habían recuperado la libertad y a su hijo en un solo día, las cosas parecían demasiado buenas para ser ciertas. - Asi que es verdad. Hay una chica. ¿No es demasiado joven para eso? - bromeó Francis cuado los saludos estuvieron intercambiados. Sonriendole a Amy con toda la intención de avergonzarla, consiguiendo otra sonrisa burlona de vuelta. Aquello pareció todo un desafio pero antes de que pudiese añadir nada más su mujer tomó la palabra. - No le hagais caso, ha estado muy aburrido. Es muy mal paciente. - dijo saliendo en defensa de los más jovenes, dedicandole una mirada cargada de intenciones a su marido que se limitó a reirse y levantar las manos en señal de inocencia. - Además, lo importante es que ha vuelto a nosotros. Gracias a Dios. - añadió finalmente mientras se sentaba junto a la cama de su marido, dejando que fuese Edward el que tomase la palabra. Tenía muchas cosas que explicar.
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| Edward |
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- ¿Qué tiene que ver ser un renacuajo con esto? no me merezco tantos halagos. Con esto... - dijo, llevando las manos a las empuñaduras de sus dagas gemelas - cualquiera de vosotros lo habríais hecho tan bien como yo. - prosiguió. No era modestia, era la realidad, pues aquel ser se había aprovechado de su desconocimiento de la magia para abusar de su isla natal, pues los Sincorazón no eran, ni mucho menos, rivales para sus aceros.
Agradeció lo bien que se lo tomó James, sonriendo ligeramente. Ahora era fácil confiar en él, pero ellos habían confiado en el que, a sus ojos, era un niño, y eso era lo que valía y lo que agradecía.
Intento no hacer demasiado caso al vitoreo general, saludando con la mano, como si de una celebridad se tratara, con una sonrisa sincera, abrumada, y ligeramente avergonzada. Por suerte, no tardaron en llegar hasta sus padres, recibiendo el abrazo con un leve quejido dolorido, para responder con la misma moneda instantes después.
No dudó ni un segundo en ir hacia su padre, haciendo lo que pedía. Después dejó, con cara de circunstancias, que dijera lo que le placiese, viendo que él era el más incómodo con aquella situación. No esperaba otra cosa de Amy, que parecía hasta divertirse con la situación.
- No es nada de lo que imaginas padre, pero me ayudó a llegar hasta aquí y le debo una promesa - dijo, mirando mientras lo decía a la joven, demostrándole que seguía siendo un hombre de palabra. - Hay ciertos marinos de dudosa reputación que van tras ella. Le prometí que en Turquesa estaría segura, no sé por qué ni cuantos son, pero al lado de estas sombras, será cosa de risa. Con un poco de suerte, quizá ni siquiera sepan que está aquí. - dijo, zanjando ya el tema para tranquilidad de la joven. No tenía duda alguna de que sus padres la acogerían como una más entre ellos después de lo que había hecho, y a ella no le costaría adaptarse a una vida tan cómoda.
Dicho aquello, había que pasar a contar una larga historia, una que Amy tampoco conocía, claro. Agarró una silla, sentándose en ella frente a la cama de su padre, y comenzó. Les contó todo, que cuando aquel portal oscuro le tragó acabó en Bastión, les habló de Ross y de Rei, que se habían encargado de cuidarlo (aunque él no lo viera así en su momento, ahora todo era mucho más claro) y que se había unido a la milicia para hacerse más fuerte y proteger a las gentes de aquel mundo. Que su líder era un maldito incompetente que poco le importaba la protección de nadie más allá de la suya, y que por lo tanto había acabado en los Liberian.
Les habló de sus amigos, de la magia, de los grandes logros que había conseguido pese a su edad, de las amenazas que había combatido, los Sincorazón, los Incorpóreos, y de su "muerte". De su estancia en Centra, de todos los mundos que había visitado, de todo lo que había aprendido y por último lo que Amy había hecho por él. Le llevó su rato contarlo todo, pues eran varios años de su vida, pero al final acabó, quedándose expectante a lo que sus padres tuvieran que decir, esperando no haberles abrumado demasiado.
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| Pepito Grillo |
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Francis, como buen padre, no estaba dispuesto a desaprovechar la posibilidad de incomodar un poco más a su hijo con aquel tema en concreto pero no necesitaba más miradas de su mujer como para saber que aquel no era el momento adecuado para ello, ambos tenían infinitud de preguntas pues habían sido unos años llenos de incertidumbre y tristeza. Asi que escuchó con atención las palabras de su hijo, mirando ambos padres a Amy. - Ella te ha traido de vuelta a nosotros, ha luchado por esta isla codo con codo con mis hombres, tu petición ni siquiera era necesaria Edward. A partir de este día mi casa es su casa y esta isla, si ella así lo quiere, su hogar. - dijo Francis con firmeza, ninguna recompensa sería suficiente para lo que esa joven había hecho. Y Turquesa tampoco estaba en disposición de otorgarle ningun otro tipo de premio por su ayuda, a sus ojos desinteresada. - Eso es, aquí estarás segura. Ningún delincuente te buscará en nuestra casa. - añadió Alice con una cálida sonrisa La seguridad con la que la morena había actuado en todo momento se debilitó un poco ante aquellos ofrecimientos. No era eso lo que había buscado, ella había acompañado a Edward a cambio de una recompensa material. Pero eso había sido antes de ver a lo que Turquesa había sido reducida. No había dinero allí que pudiesen dedicar a algo que no fuese reconstruir sus hogares y... Que diablos, la seguridad no sonaba tan mal tras todo lo ocurrido. No le vendría mal un poco de tranquilidad, aunque fuese por un tiempo.  - Gracias, ha estado bien ayudar. Edward es un buen chico y le debía una. - dijo ella, queriendo restarle importancia a sus acciones. A ella tampoco le apetecía en esos momentos escuchar halagos, asi que se sentó al mismo tiempo que su compañero de aventuras y se dispuso a escuchar su historia. Los presentes escucharon al joven con total atención y en un respetuoso silencio. Amy había oido hablar de la desaparición del chico años atrás, como todo el Caribe, pero nadie habría podido sospechar nunca la razón de no haber encontrado rastro de él. Aquellas historias de otros mundos, de portales de oscuridad, habrían sonado a locura tiempo atrás pero muchos habían podido verlo con sus propios ojos meses atrás cuando el gran incidente había ocurrido. Escuchar que lo que había ocurrido en Turquesa no había sido una excepción sino una pauta en todos los mundos conocidos, y quizás más allá, hacía que todo sonase más aterrador. A Amy no le sorprendió la expresión de horror que cruzó los ojos de Alice al escuchar como Edward relataba su encuentro con la muerte. Habían mantenido la compostura en todo momento, seguramente aliviados de que alguien hubiese cuidado de su hijo en aquel mundo desconocido, pero unos padres nunca estaban preparados para escuchar que su hijo había muerto. Ni siquiera teniendolo ahora frente a sus hijos sano y salvo. Había tambien orgullo en los ojos de Francis al ver como su hijo había sido capaz no solo de sobrevivir a aquello sino de aprovecharlo para volverse más fuerte. Era una pena que hubiese tenido que crecer precipitadamente, madurando de una forma que ellos querían evitar incluso en un mundo como el Caribe, pero le habían criado bien y él había vuelto a ellos convertido en un joven fuerte y valiente, más hombre que niño. Y así debía ser, a sus catorce años distaba de ser el niño que les había sido arrebatado tiempo atrás. Había pasado el tiempo y la suerte había querido que no estuviesen allí para verlo. - Has pasado por tanto Edward, has tenido que crecer tan pronto... pero ahora estas aquí. Estas en casa. - dijo Alice, adelantandose. Parecía que ella en lo único que podía pensar era en el hecho de que su hijo había vuelto y la idea de que pudiese ser temporal no pasaba por su mente. No era así el caso de Francis que miraba a su hijo con seriedad directamente a los ojos con cierta complicidad. Su hijo formaba parte de algo, los Liberian, y de alguna forma presentía que aquello era como si su hijo se hubiese alistado en la Marina. Se había convertido en un guerrero capaz de salvar a su propio mundo de un enemigo desconocido y no había sido casualidad ni suerte. ¿Acaso iba simplemente renunciar a aquello en lo que se había convertido para volver a ser el chico que era años atrás? No, no lo creía, no había marcha atrás en algo como aquello. - Ahora esta en casa, Alice. Pero ya no es un niño, es un hombre con responsabilidad. ¿No es así, hijo? - preguntó entonces Francis, posando la mano sobre la de su mujer para apretarsela. En la voz de su padre podía percibirse comprensión, entendimiento y orgullo. Habían querido compartir con su hijo unos fuertes valores y aunque le pesase en el corazón la idea de que pudiese marcharse presentía que así debía ser. Si era el deber lo que le llamaba, si aquello era en lo que quería convertirse, no sería él quien lo retuviese a su lado. Ese mismo día había demostrado lo que era capaz de hacer. - ¿Que quieres decir? Todavía no es un hombre. ¡Solo tiene on...! - Se paró a tiempo, al darse cuenta nuevamente de que el tiempo había pasado. Catorce años... Ella quería que fuese el mismo niño que se marcho, ella había contado con tenerle muchos años más a su lado, acababa de regresar... Miró entonces a Edward esperando que este le llevase la contraria a su padre, que dijese que había vuelto para quedarse. No quiso preguntar. Amy por su parte se sentía totalmente fuera de lugar allí, era un momento muy personal y por lo tanto se levantó muy despacio, pensando que nadie se daría cuenta de su marcha. Había visto demasiado, no quería estar allí cuando Edward dijese lo que iba a hacer. No era asunto suyo.
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| Edward |
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Edward aprobó el agradecimiento de su padre aseverando con la cabeza. Así debía ser, era lo justo y no esperaba menos del hombre que le había enseñado a ser como era. Estaba seguro de que Amy habría esperado en un primer momento una sustancial recompensa por traerle de vuelta, pero la situación había cambiado dramáticamente.
Aparte de que el pueblo no tendría dinero para afrontar tal recompensa, estaba seguro de que le haría más bien que mal asentarse por un tiempo en Turquesa, sin tener que preocuparse de que nadie intentara rebanarle el pescuezo, con todo sustento solucionado, relacionándose con gente normal de una manera normal. En definitiva, un poco de paz en su camino de piratería. Puede que hasta acabase quedándose allí, estaba seguro de que habría sitio para ella entre los hombres de su padre.
- Ninguno inteligente al menos. Quizá sea demasiado aburrido para ti, pero puedes trabajar para mi padre, sería una pena que te oxidaras. - propuso el chico, mirándola directamente con una sonrisa afable. Tenía nivel más que de sobra como para no desentonar entre ellos, de hecho, la consideraba tan fuerte como él mismo. Claro que él nunca reconocería que era igual o mejor que los hombres de su padre.
Tras contar su historia, el momento que había esperado que no llegase, llegó. Rápidamente, solo con intercambiar miradas con su padre, hubo un entendimiento mutuo, una conexión directa, una declaración de intenciones en una mirada. Sin embargo, su madre no quería entender, no quería entender nada que tuviera que ver con su hijo marchándose de nuevo. Era triste, pero no podía ser de otra forma.
- No puedo obviar estos años y todo lo que he aprendido. Todas las vidas que puedo salvar si salgo ahí fuera. Sé que si no volviera, los Liberian lo entenderían, pero me sentiría culpable el resto de mi vida - dijo, aseverando agachando la cabeza. Le daba vergüenza, como hijo, tener que decirle a su madre que no se iba a quedar a su lado. Era lo que él hubiera querido, quedarse al menos un tiempo en el que había sido su hogar.
No quería ser demasiado duro, no quería decirles que aunque les echara de menos, si se quedara ahí, echaría de menos a otras personas. La llamada del deber era mucho más fácil de asumir, y al fin y al cabo, al igual que pensaba volver a menudo a Turquesa, si el universo estuviera en calma, podría darse el caso contrario y viajar de vez en cuando a Bastión para ver a sus amigos, pero no podía negarlo, Bastión Hueco era el centro de la lucha contra los Sincorazón.
En su mente surgieron de nuevo las palabras que el fantasma había dado antes de su muerte. Inquietantes palabras que le impedirían siquiera pasar la noche en su querida Turquesa. Estaba demasiado preocupado, necesitaba comprobar rápidamente pues sabía cómo actuaban los Sincorazón.
- Lo siento madre. Además... el fantasma dijo algo antes de morir. Me preocupan el resto de islas, tengo que asegurarme... ¿Quién era, padre? - su resurrección era parte de algo mayor, eso era obvio. Cualquier pista le podría acercar a la verdad de ese algo mayor. - Aunque ahora deba partir, volveré más a menudo. Un amigo mío puede hacerme el favor de traerme de vez en cuando. - dijo, intentando tranquilizar a su padre. La estupidez y el egoísmo le habían hecho tardar tres años en volver, no dejaría que eso volviera a ocurrir, ahora era un hombre responsable de sus actos y con responsabilidades.
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| Pepito Grillo |
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Amy no se había planteado esa posibilidad, quedarse allí para formar parte de algo tan diferente a la piratería... Era un cambio importante. Muchos pensarían que a su edad era fácil volver al buen camino y reformarse por completo, pero ella había visto mucho. Y no era solo eso, había tenido que luchar por su vida en innumerables ocasiones y Edward sabía que sus manos no estaban limpias. Tenía buen corazón pero como tantos otros que se habían criado en el salvaje mar Caribe este se había endurecido para poder sobrevivir. No quiso aceptar ni rechazar aquella idea, dejando que la conversación siguiese su curso hacia lo realmente importante.
Ambos padres escucharon la justificación de Edward para Francis eran innecesarias y Alice no quería aceptarlas. Las entendía, claro que podía entender aquel sentimiento de deber incluso siendo mujer pues su marido era exactamente igual. Pero lo dificil era aceptar el hecho de que su niño ya no era más un niño. Se sabía egoista por sentir que ella necesitaba más a su hijo que cualquier otra persona, apenas acababa de volver a verle... Pero no le quedaba otra que dejar a un lado la negación y aceptar la realidad con lagrimas en los ojos.
No dijo nada más, concentrandose en evitar que estas descendiesen por sus mejillas. Como madre que era sabía que aquella despedida no sería dura solo para ella y por lo tanto debía facilitarsela a su hijo en la medida de lo posible. No podía disimular su pena pero al menos podría ahorrarle su llanto. Sintió el cálido brazo de su marido rodear sus hombros pero no le pareció tan reconfortante como en otras ocasiones. Aun así lo agradeció y apoyó la cabeza en su hombro con un suspiro.
Ni ella ni su marido parecieron percatarse de la marcha de Amy, de hecho Francis había estado esperando aquella pregunta de su hijo planteandose cuanto contarle exactamente de su pasado. Si realmente la situación llevaba consigo un inminente peligro no era momento ni lugar para extenderse detalles, se limitaría a decir lo que pudiese ser considerado relevante.
-Se trata de un canalla al que mandamos al infierno antes de que tu nacieses, uno de la peor calaña. ¿Es seguro de que no intentó engañarte en su último aliento? Más allá de eso no se porque alguien habría elegido regresarle a él de la muerte concretamente, Edward. Solo es un pìrata asesino y vengativo como muchos, quizás un poco peor que la mayoría pero nada de otro mundo... - al decir aquello calló, realmente costaba aceptar que ese hombre hubiese regresado precisamente de otro mundo. Habría apostado una de sus manos a que estaría ardiendo en lo más bajo del infierno.
Las palabras de Edward, que implicaban que podría haber regresado con anterioridad, hicieron que su padre frunciese el ceño. Pero no era momento de regañar a su hijo y echarle cosas en cara. Aquello no era una prioridad, proteger la vida de miles de personas si que lo era.
-Si vas a regresar a Port Royal no lo harás solo ni tampoco en el barco que robaste. De ese nos encargaremos nosotros. Te acompañaría yo mismo pero... - miró a su mujer y a la cama en la que se encontraba. -me temo que no podrá ser. Me habría gustado ver con mis propios ojos de lo que eres capaz. Ahora deja que tu madre cure esas heridas y descansa unas horas mientras mis hombres terminan el trabajo. Encontraremos un barco que te sirva. - añadió mientras animaba a su mujer a hacer lo que él había dicho. A Alice le vendría bien poder cuidar de su hijo aunque fuese por poco tiempo y seguramente podría hacer otro tanto por Amy, a la que no tardarían en echar en falta.
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| Edward |
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No era una información valiosa. No aportaba ninguna pista, solamente la confirmación de que era un muerto en vida, llevado al más allá por su padre. ¿Por qué su padre, y por qué Turquesa? Quizá solo fuera un ejemplo de lo que estaba pasando en todo El Caribe.
- Una vez, un hombre que era aún menos de fiar que éste, me dijo algo que no creí. Si le hubiera creído, habría llegado aquí mucho antes. No volveré a caer en el mismo error, si es una mentira o una verdad a medias, debo comprobarlo por mí mismo.
Por suerte, Ludovico le había mentido en parte pues su padre, dentro de la gravedad de sus heridas, estaba más que vivo. Sin embargo, sí que era cierto que su querida isla estaba en apuros. No había querido creerle, quizá por miedo, quizá porque se tratara de un manipulador y mentiroso empedernido.
- No hace falta que te diga de quién es el barco. Siento haber manchado mi nombre así, pero no te preocupes, no soy ningún delincuente. Húndelo cuanto más lejos mejor. - añadió, no pretendiendo para nada que fuera un consejo, si no como una muestra de arrepentimiento y vergüenza por haberle robado a las fuerzas del orden. - Me hubiera gustado pelear a tu lado, padre. Estarías orgulloso de mí. - dijo, mientras se acercaba a sus padres.
Se unió al abrazo, disimulando sobre el hombro de su madre las solitarias lágrimas que se atrevían a romper su fachada adulta e inalterable. Quizá ambos lo sospecharan, pero aún quedaba mucho del niño que dejó la isla, no se había convertido en un adulto exento de sentimientos, ni mucho menos.
- Madre, padre, volveré sano y salvo, me aseguraré de que la próxima vez no tenga que marcharme así. Gracias por entenderme, de verdad. - dijo, hundiendo más aún su rostro, al tiempo que ahogaba un sollozo.
Tras un rato de paz, decidió que quedarse más tiempo así sólo haría más difícil la despedida. Se separó de ellos, con una sonrisa en el rostro y los efectos de aquellas lágrimas ausentes totalmente de su rostro.
- Avisaré a Amy, volveré en un momento. - dijo, caminando hacia la puerta.
Una vez en el exterior, no tardó en localizar a la chica, acercándose a ella, para sentarse en el suelo a su lado.
- Tengo que volver a Port Royal cuanto antes, tengo un mal presentimiento, tal vez lo que ha pasado aquí ocurra por todo El Caribe, y hay que detenerlo. Quédate aquí, disfruta de tu recompensa, te la has ganado. - dijo, sonriendo mientras miraba al cielo despejado. - Pero si quisieras venir conmigo y arriesgar tu vida por mi estúpido idealismo, nadie te lo impedirá. Vayamos dentro, descansemos un rato. - dijo, impidiéndole pronunciar respuesta. No quería escuchar, quería que lo pensara, y aunque ella había cumplido su parte, pensó, por un momento, que algo se había ablandado en su corazón superviviente.
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| Pepito Grillo |
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Francis Teach miró a su hijo a los ojos al escuchar aquello y negó con la cabeza. No había nada que lamentar, nada de lo que arrepentirse. Su hijo había ido en su ayuda con una joven como única compañía, guiado solamente por su corazón. Quizás de haber llegado antes la batalla habría estado perdida, quizás aquel hubiese sido el momento adecuado. De haber llegado antes no habrías estado tan bien acompañado y, quizás, no habrías estado preparado para esta batalla. Pero entiendo lo que dices, Edward, es tu deber comprobarlo o podríamos volver a la misma situación. - En la que estarían igual de desvalidos puesto que la única magia de aquella isla se encontraba en las jovenes manos de su hijo, que pronto partiría hacia su nuevo hogar. - Y se reconocer un barco de la Marina cuando lo veo, hijo. - añadió con una repentina seriedad para luego, al encontrarse su mirada con la de su mujer, estallar en inexplicables carcajadas. Si su hijo supiese como de bien había llegado a conocer esos barcos, aquella no era siquiera la primera vez que sus hombres debían deshacerse de uno. Ni tan siquiera sería la segunda. Pero sabía que su mujer no estaba a favor de que su hijo conociese su historia, aunque a su entender ya era lo bastante mayor para ello. Pronto llegaría el momento de que se enterase de la verdad por ellos. - Situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas. - añadió palmeandole la espalda y dejando pasar el tema. Mientras que nadie hubiese reconocido a su hijo todo lio con las fuerzas del orden desapareceria antes de empezar. - Ya estoy orgulloso de ti, Edward. Has salvado a tu hogar, triunfado donde yo fracase, dejado nuestro nombre en lo más alto. - le dijo a su oido cuando se encontraban fundidos en un abrazo. Alice se aferró a aquel abrazo como si con el fuese a poder mantenerlo a su lado. Era demasiado para cualquier madre, recuperar y perder a tu hijo nuevamente en el mismo día. La primera vez no había sabido que era lo que había sido de él y ahora parecía decidido a dirigirse a una batalla tanto o más complicada que la que había tenido lugar en aquella isla. Una a la que ni siquiera su marido y sus hombres habían sido capaz de ponerle fin. Y ella tenía que asumir, de un momento para otro, que ya no era más la madre de un niño sino que ahora era la madre de un guerrero. A duras penas lo dejó separarse de ella, teniendo que ser instada a ello por su marido a modo de cariñoso apretón. Todavía más complicado fue seguir manteniendose serena el tiempo suficiente para que Edward los dejase para buscar a Amy, incluso logro formar una sonrisa triste antes de echarse en brazos de su marido. Le habría gustado enfadarse con él por dejarle marchar, por darle la razón, pero no sería justo. - Estará bien, Alice. Todos lo estaremos ahora. - susurró el hombre contra el pelo de su mujer, abrazandola con suavidad mientras sus ojos se volvían hacia la puerta por la que su hijo volvería a aparecer. No podría haber lagrimas entonces. Nuestro hijo necesitará que le cures esas heridas y llevarse una bonita sonrisa de su madre. - la despedida que en su día les robaron. En el exterior, Amy le miró de soslayo al notar que se sentaba a su lado. Presentía que lo último que el chico querría ahora mismo sería a alguien mirandole a los ojos. Escuchó sus palabras con una sonrisa dibujandose en el rostro. Por supuesto que él iría a buscar más pelea. No podría simplemente quedarse allí disfrutando de su familia, de la tranquilidad de aquello. No, eso era demasiado sencillo para el pequeño heroe. ¿Realmente se veía capaz de salvar todo el Caribe? Vale, había salvado Turquesa, pero ni siquiera eso hacía que ella le creyese capaz de todo. No pudo contestarle pese a conocer ya la respuesta a la pregunta no pronunciada. El le decía que se quedase pero lo que quería, lo que necesitaba, era bien distinto. No sabía lo que le esperaría en Port Royal pero que la matasen si iba a dejar que lo enfrantase sin ofrecerle su ayuda. Si aquella iba a ser su última batalla antes de su retiro en la tranquila isla Turquesa, no estaba dispuesta a perdersela. Estaban en esa aventura juntos hasta el final, se dijo ella. Levantandose para seguirle al interior de la habitación en silencio. No había necesidad de palabras, cuando llegase el momento ella haría lo que quisiese y ambos lo sabían. Fuese lo que fuese. Una vez dentro, ambos se vieron atendidos por Alice. La mujer parecía encontrarse mucho más tranquila que cuando Amy había abandonado la habitación un rato antes, aunque no se le había pasado por alto el enrrojecimiento de sus ojos. Era una mujer valiente, una madre cariñosa, ojalá hubiese tenido ella algo así. Quizás por eso Edward era como era. Las horas pasaron sin que se diesen cuenta mientras eran otros los que se encargaban de los preparativos. A cada rato volvía algún herido de la batalla que tenía lugar en los muelles y pronto el lugar no dió más de si. Amy decidió que era mejor buscar algo más tranquilo y desapareció en un descuido de Edward, este estaba demasiado ocupado disfrutando de las últimas horas con sus padres. Un regalo para los tres en el que ella no tenía cabida. Cuando uno de los hombres de su padre se acercó a este para hablar sobre el estado de los preparativos Edward se vio alejado del lugar por la cariñosa mano de su madre. A unos metros de los hombres, desde ya no se escuchaban sus palabras, Alice pasó por la cabeza de su hijo una cadena de oro y ocultó el medallón bajo sus ropas. Posando una mano sobre el através de la tela y mirando entonces a su hijo a los ojos. Había una expresión decidida en el rostro de la mujer, lo que había sido entregado no le sería devuelto. - Este medallón fue un regalo que me hizo tu padre poco despues de tu nacimiento. Sabes cual es, no me lo he quitado ni un solo día. - dijo ella con suavidad. Se trataba de un medallón con forma de corazón que, al abrirse, mostraba una pintura en miniatura de sus padres con un bebe. Jovenes y felices. - Ahora lo llevarás tu, aunque sea un poco femenino para un joven... Lo harás por mi. - así estarían con él en todo momento, para darle fuerza, para recordarle cuando lo necesitaba la felicidad que él había traido a sus vidas y que Turquesa siempre sería su hogar. - Prométemelo. Se que te dará fuerza. - añadió con un suspiro, su marido se acercaba a ellos en ese momento. - Todo está preparado, Edward. ¿Amy te acompañará? - preguntó él, mirando a su alrededor en busca de la joven morena. Presentía que así sería o, que de no serlo, al menos habría una despedida que mereciese la pena ver. - O al menos te despedirá como es debido, ¿no? - y por el brillo de picardía de los ojos de su padre no le sería fácil suponer que había llegado a sus oidos el gesto efusivo con el que la chica había premiado su victoria. Era más fácil así, evitando la tristeza de las despedidas, pero sabía que el momento había llegado. Allí y ahora.
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| Edward |
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- Puede que no, pero aún así, no volverá a pasar. - dijo, insistente, con la cabezonería inherente a su ser. No era adivino y no podría saber si podía afrontar un problema hasta que estuviera allí, pero eso no le iba a hacer llegar tarde para estar preparado para todo. No, confiaba en sus capacidades demasiado.
El chico solía parecer confiado, no en exceso, pero sí seguro de sí mismo. Las palabras de su padre no hicieron más que acrecentar su sonrisa, dándole un brillo infantil, orgulloso. De repente, los recuerdos afloraron en su joven mente. Lo que parecía una eternidad había sido apenas un par de años, nada comparado siquiera con su corta vida.
Pirata. Había querido ser un maldito pirata. ¿Qué demonios le había visto a esa vida de penurias, rodeado de gente malvada y sin escrúpulos? ¿que era aquello comparado con salvar la vida de docenas de personas? un simple juego, un sueño infantil, una insensatez. No había alcanzado sus sueños porque estos eran inalcanzables, pero el camino hasta conseguirlo era lo importante. Salvar vidas, marcar la diferencia.
Fundido en un abrazo con sus progenitores, dejó escapar algunas lágrimas. Felicidad condensada, el sabor salado de su niñez escapando por sus ojos, viejas heridas cerrándose y la promesa de un futuro más prometedor aún, más completo y brillante, sin remordimientos, sin nada de lo que arrepentirse.
- Gracias a los dos, os quiero, aunque me vaya tan pronto, os quiero más aún por entenderme. Gracias. - dijo, con la voz ligeramente quebrantada, demasiado orgulloso como para no disimularlo ni allí, entre los brazos de sus padres.
Con Amy todo fue mucho más rodado. El silencio era completado con pensamientos decididos, y las palabras sobraban. La conocía. Era extraño decir aquello de alguien a quién había conocido hacia unos días, pero lo podía confirmar con total tranquilidad.
El tiempo voló, cruel, hasta que no eran horas si no minutos lo que le separaba de su marcha. Una sorpresa le esperaba aún, un regalo inesperado, familiar. Algo que había estado ahí, siempre, con su madre. Las palabras fueron veladas por las miradas. Inútiles, incapaces, todas sobraban excepto...
- Te lo prometo. - dijo, cerrando los dedos sobre lo que sería un amuleto para él a partir de ahora. Cuando lo dejó, no lo volvió a meter por dentro de su camisa de tela, simplemente lo dejó al aire, al menos un rato. No le importaba que fuera femenino.
Su padre se aproximó, volviendo a la carga, así que sonrió por última vez a su madre y centró su mirada en él. Pese a que esperaba que tuviera algún efecto en el muchacho, no lo consiguió. Desvió sus ojos, buscando a Amy con la mirada.
- Vendrá. Le he dicho que no lo haga, pero Dios los cría... - dijo, volviendo a clavar sus ojos castaños en su padre, sonriendo. No había problema en reconocer su propia tozudez. Era una virtud, desde su punto de vista. - Os veré más adelante, cuando haya un poco de paz. Ella traerá las noticias. - dijo, dando a entender lo que ya se sabía. No volvería de nuevo, seguro que la noticia se había hecho eco por todos los mundos. Alguien iría allí a investigar.
La despedida fue menos emotiva, un último abrazo, una despedida con la mano. Poco más. Comenzó a caminar en dirección al puerto, pues los preparativos habían terminado. De camino allí se detuvo varias veces a despedirse con una sonrisa en los labios de todos los amigos y vecinos de su infancia.
No tardó demasiado en encontrarse ya en el embarcadero, obligándose a no echar la última mirada atrás. En lugar de ello, subió por la escalinata y comenzó a buscar con la mirada a Amy.
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