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Pesadillas muy vivas, Introductorio
| Tezuka |
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Novato

Group: Habitante
Posts: 4
Member No.: 262
Joined: 21-January 12

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Negrura. Eso es todo lo que recordaba. La confortable negrura de su acomodado apartamento en Los Angeles, su último destino. Algo que nada hacía presagiar las extrañas sensaciones que ahora le atenazaban. Sólo era un negro reconfortante tras un dia agotador y un tremendo dolor de cabeza que los medicamentos habían doblegado.
Lo demás lo recordaba con muy poca claridad. El descanso reparador. La clásica sensación de caer eternamente. La no tan clásica de notar que algo no iba bien...
Tezuka se despertó lentamente, como si lo hicera después de mucho tiempo. Al medio segundo su mano estaba debajo de la almohada, donde estaría su fiel pistola que más de una vez le había salvado de amenazas nocturnas. Pero no estaba allí. Su almohada tampoco. Y ahora que se fijaba, esa no era su habitacion... ligeramente confuso, escudriño la penumbra.
La mejor forma de definir la habitacion sería "una rustica cabaña de los años 20". Colcha de grandes cuadros, una tenue luz emanando de un quinque, y muchos artilugios que no conseguía identificar, probablemente procedentes de épocas pasadas. Algunos, la verdad, no tenia la mas remota idea de su procedencia o utilidad.
No estaba atado ni amordazado, y encontro sus ropas, sus gafas y su arma convenientemente plegads (y limpias, según pudo apreciar) en una silla al lado de la cama, que no tardo en utilizar. Muchas preguntas cruzaban su mente, pero quedaba claro que no se resolverian solas. Pronto su mano sujetaba el pomo de la puerta, y con un movimiento fruto de años de experiencia, avanzó a la otra habitación, arma en mano, descubriendo... que?
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| Pepito Grillo |
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Cronista
     
Group: Admin
Posts: 1,308
Member No.: 8
Joined: 2-November 05

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Tras la puerta había un pasillo. Estaba débilmente iluminado, tanto por la suave luz de la lámpara de queroseno de la habitación como por otra, más intensa, que escapaba por la puerta entornada de otro cuarto. El pasillo carecía de ventanas. Tampoco las tenía el cuarto en el que había despertado. Las paredes del pasillo estaban vacías, cubiertas con papel pintado de gusto dudoso. Aquí y allá un cuadro de un paisaje desconocido o una vieja fotografía en blanco y negro rompían la monotonía hortera del papel de la pared.
Entre ambas puertas había otra más, cerrada con llave, y justo enfrente de la suya otra en idéntico estado. De aquella de la que salía la luz, al extremo opuesto del corredor, procedía también un tarareo, no muy alto. A veces podía oírse también alguna pisada. De ello podía deducirse que quien hubiera dentro no estaba caminando, pero sí estaba de pie; quizá ocupado. Un par de veces Tezuka escuchó también un crujido. Sonaba como a madera.
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| Tezuka |
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Novato

Group: Habitante
Posts: 4
Member No.: 262
Joined: 21-January 12

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El tarareo le hizo darse cuenta que, fuera quien fuera, no estaría intimidado por el arma de Tezuka, y probablemente no sería agresivo. Aun así, guardó el arma a un alcance lo suficientemente cercano como para poder desenfundar en menos de un parpadeo. Las puertas cerradas con llave le hicieron dudar de su localización : si era una cabaña, quizás era algún tipo de hotel rústico, ya que ningun pueblerino cerraría las puertas de su casa constantemente.
Eso, sin duda, explicaría el horriblemente feo papel de las paredes. Quien fuera, sin duda no tenía mucho gusto estético, pero no era quien para cuestionar un asunto así. Después de todo, quien fuera había cuidado de él... aparentemente. Con un suspiro, Tezuka avanzó por el pasillo hasta ponerse en el límite de la puerta, sin entrar, y golpeó secamente con los nudillos en la madera de alrededor del dintel. Quizás se estaba metiendo en una enorme trampa, pero al menos que no se diga que no entraba en la boca del lobo con educación.
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| Pepito Grillo |
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Cronista
     
Group: Admin
Posts: 1,308
Member No.: 8
Joined: 2-November 05

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Al golpear la madera, la melodía que había escuchado se detuvo. Al acercarse, Tezuka había podido comprobar que se trataba de un hombre, pues el tono era demasiado grave como para tratarse de una mujer. Por la puerta entornada pudo comprobar que, efectivamente, quien tarareaba era un hombre de altura media, complexión fuerte y pelo moreno. Tenía barba, pero no bigote, y una cara ancha y cuadrada. En el momento en que Tezuka llamó se giró hacia la puerta, mientras asía en su mano una sartén en la que burbujeaba aceite caliente y un par de huevos en pleno estado de fritura. Al verlo en el umbral, alzó su voz de barítono.
-Vaya, te has despertado. Ya era hora. ¡Llegué a pensar que ibas a pasarte dormido todo el día! Ahora mismo es media tarde, chaval. Pasa y siéntate.
La voz del desconocido era grave y tenía cierta particularidad que le recordó a Tezuka los rugidos de un león. Sin pararse a mirar si el agente obedecía, volvió a concentrarse en los huevos. No lejos del fogón, en una encimera enlosada con azulejos blancos, había dos platos aguardando a ser utilizados.
Como era imposible dejar de observar, se trataba de una cocina. Las paredes eran blancas, con azulejos hasta la altura del hombro. Un frigorífico ocupaba una esquina de la habitación. En la pared frente a la puerta, una ventana dejaba entrar unos suaves rayos de luz. En una mesa de seis patas, colocada en el centro de la habitación, había dos pares de tenedores y cuchillos, junto con una hogaza de pan, una gran jarra de agua y un barrilete. Rodeaban a la mesa cinco sillas. Desde luego, el estilo de la cocina era igual de anticuado y añejo que el del pasillo y su papel pintado.
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